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viernes, 11 de enero de 2019

DELENDA EST EL JULI


PATIO DE CUADRILAS Cuando los romanos elevaron a prioridad su acción de acabar con el imperio de los cartagineses (264-146 a J.C), los discursos de sus tribunos concluían con la expresión Delenda est Cartago es decir, Cartago debe ser Destruida. Esta guerra (desplegada en tres campañas), quedó encuadernada en el grueso tomo que la Historia dedica a los conflictos promovidos por la gula económica de los poderosos por las riquezas planetarias. La talasocracia que ejercían los norafricanos en el Mediterráneo había llegado hasta la Iberia, en donde por cierto habían fundado la nueva Cartago: Cartagena. Finalmente, Cartago sucumbió ante su destino cuando fue arrasada como todos los imperios lo han sido  y habrán de ser los actuales y los futuros.

CIELO ANDALUZ Esto viene al caso porque la máxima de acción que parece regir en los festejos taurinos, de aquí y de allá es Delenda est El Juli, quien hasta el fin de año no partió plaza en la temporada de la México, incluyendo la corrida Guadalupana. Ya recibieron su oportunidad muchos de los toreros de élite y de los otros en tarde-noches que han aprovechado con desempeños brillantes, opacos y algunos merecidamente olvidados y entremezclada con los aplausos, silbidos y bostezos correspondientes recorre los tendidos la pregunta ¿Y El Juli?

PITÓN DERECHO La respuesta parece ser la reciclada consigna histórica ya sin el nombre del imperio e incorporando la del torero: Delenda est El Juli. La estrategia desplegada consistiría en impedir que parta plaza, no fuera a ser que pusiera en su lugar a sus alternantes y los Usías tuvieran que entrar en ¨operativo de corrección¨. Como ya lo hicieron en los últimos festejos españoles donde los pañuelos del biombo además de obsequiar orejas a otros parecieron ondear para despedir a Julián. Aquí aparentemente se optó por no colgarlo en los carteles porque ¨Santo que no es visto, no es adorado¨, con lo cual muchos hemos perdido la oportunidad de disfrutar ese su temple tan alargado que no suele enroscarlo (recurso con el que otros deleitan a los tendidos).

PITÓN IZQUIERDO Ya metidos en las conjeturas sabrosas se dice que el equipo de demolición de El Juli deja pasar las fechas para  que en el campo mexicano otros encuentren las distancias al toro mexicano. Tal es la idea correcta que está en juego a la hora de promover toreros muy vistos y otros no tanto, así como madurar a chiquillos toreros, como lo hacen las escuelas taurinas que esculpen a las futuras figuras. ¿Y El Juli?

PITÓN DERECHO El domingo 30 de diciembre de 2018, en la plaza de Caxuxi, de Actopan Hidalgo fui a ver torear a niños y adolescentes: El Castelita, El Maletilla y a Ximena Linares. Participaron también los forcados de Hidalgo, un novillero y un rejoneador. Mis guías fueron el Matador Luis Gallardo y su padre, mi tocayo. Muy buen desempeño de los tres becerristas, destacando el tratamiento que le dio Ximena a una becerra tan complicada que parecía haber sido ya toreada. Le lastimó el brazo izquierdo. Fui invitado amablemente a una vaporosa barbacoa amenizada por la Banda que había tocado durante el festejo. Escuché con interés la versión de El Niño Perdido, con dos trompetistas cuyos nombres no registré. Por cierto dentro de las interpretaciones durante el festival sobresalieron ¨Siempre en Verano¨ ejecutada por el trompetista Magdaleno Durán (¡Qué despliegue de técnica!) y la Macarena por otro músico distinguido.

PITÓN IZQUIERDO La Fiesta del pueblo enardeció las gargantas belicosas de los asistentes. Empezó con una hora de retraso para rabia de un gritón que tenía una invitación para un ¨Chupe¨ más tarde. Les gritaba por sus nombres a los areneros que trazaban los círculos que no tuvieron uso. No hay mejor forma de apapachar la Fiesta que asistir a cuanto festejo se atraviese: en plazas fifís  o en las modestas de pueblos pequeños. En estas últimas encuentra uno algo que falta en los cosos más grandes y es el sentimiento de sentirse en casa y dueño de la plaza, aunque sea la primera vez que asiste uno. En las plazas monumentales cuando se está a gusto, uno no se siente dueño: comparte uno la plaza.

PITÓN DERECHO Caxuxi (Aquí las equis conservan su sonido sh que tuvo Mexico Tenoxtitlan -sin acentos- hace 500 años), tiene un ruedo de unos 30 metros y cupo para mil quinientos asistentes. La Jueza Sonia llegó a tiempo para presidir el festejo con lo que mi intervención no fue necesaria y me salvó del soponcio en el último momento. Los animales para los becerristas salieron por Cuadrillas y los más serios para el novillero y rejoneador por Toriles. Por estar tan cerca de los toreros como lo permite una plaza chica y  pueblerina descubre uno que la hondura de los rituales taurinos empieza por el miedo atávico de los toreros, que lo respira uno y continúa con los resuellos de los animales que parecen inocentes hasta que revuelcan al torero o se lo echan al lomo cerca de la cornamenta en remolino.

RECORTE  ¿Y El Juli?

TORO DE REGALO La fundación de Cartago tiene un origen legendario entretejido con el histórico y dentro de la leyenda el encanto de un toque taurino. Afortunadamente las leyendas permanecen por la belleza de su invención. Resulta que Elisa, una noble tiria entró en problemas con la codicia de su familia y en lugar de dar la batalla en el reino familiar, optó por fundar otro en la costa norte de África. Fue la motivación para fundar Cartago (Ciudad Nueva). Pero antes tuvo que hurgar en el costal de artificios que arrastró con provecho en su vida. A los recelosos lugareños les dijo que sólo necesitaba el terreno que fuera cubierto por una piel de buey (Esto es, un toro venido a menos y en situación de arado). Ya pactada la operación la sagaz Elisa procedió a hacer tiras angostas de dicha piel y así cubrió un territorio sobre el cual fundó el imperio. Antes en su país original, astutamente había simulado arrojar al mar sus tesoros en costales llenos de arena para engañar a sus parientes y comprometer a su tripulación. Durante el viaje hizo secuestrar una cohorte de chiquillas vírgenes en Chipre para que sus marinos al llegar a tierra prometida pudieran reproducirse con entusiasmo comprensible y así poblar las soledades y fundar una nación fresca que rifó en los mares y costas mediterráneas varios siglos. Órale.
 






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