PITÓN DERECHO Entra a la arena un toro con trapío. Remata en tablas; está en puntas.
El torero observa cómo humilla cuando lo
corren. Pide que lo pongan allá. Una vez el toro atento, el diestro se acerca.
El público murmura. Quedan enfrentados. Se borra la tarde y prevalecen las
miradas entre ambos. Todo está inmóvil, pero las cosas todavía no están en su
sitio. Embiste el toro y ahora sí, todo
se armoniza porque lo recoge el temple que une al toro y al torero. Órale.
PITÓN DERECHO, OTRA VEZ Para
templar es necesario meter el tiempo humano en la velocidad del
animal; la dimensión humana unida con la embestida del toro. Por eso sólo de
tarde en tarde vemos el arte taurino en una
faena; la más de las veces sólo por momentos.
PITÓN IZQUIERDO Como es sabido,
torear con lentitud no es templar. En la primera de la temporada de La México,
el 2º de Talavante iba tan lento que no había forma de templarlo y fue tan descastado
que tampoco se le pudo imprimir emotividad a su nobleza. Alejandro Talavante no
podía hacer otra cosa que acompasar su muleta al andar cansino
del noble animal. Fue una faena muy lenta, sin templar.

PITÓN DERECHO, OTRA VEZ Entonces
es cuando la bravura, al ser templada por el engaño, genera emoción estética; el
placer y regocijo de ver torear en serio.
PITÓN IZQUIERDO Para arrobarnos
en el arte debe haber trapío en el bravo animal y garbo en el torero: reposado
el mentón, brazos templando con el engaño, arqueada la cintura, muslo a la salida
y entonces...
PITÓN IZQUIERDO, OTRA VEZ La insistente
guadaña de los cuernos con su presagio en las puntas empujadas por media
tonelada, acometiendo el engaño. El diestro con la buganvilia del capote o con
la flama de la muleta, creando la estética taurómaca reposando la impetuosidad
del toro bravo. ¿Qué más puede el aficionado pedir?

PITÓN IZQUIERDO ¿Para qué dar
ejemplos? Tantos y tantos valientes diestros con suficiente oficio no alcanzan
a templar el ímpetu. No transforman el aire del toro, en tiempo
suyo, sino que lo aprovechan, en el mejor de los casos y en el peor, dan
lo que pareciera un pase interrumpido por
la agresividad del toro, mas en el fondo es la incapacidad de someter al animal.
PITÓN DERECHO Uno de los aciertos de la película Manolete, de Menno Meyjes es porque reitera lo sabido o intuido por muchos: que torear
es una forma de filosofar. Meter el tiempo humano a la bravura,
permite en la duración del pase, ver pasar la muerte. Dar un lance rápido,
por justificado que sea, a un toro agresivo no da tiempo para filosofar; sólo
hay tiempo para ver la habilidad del torero para quitarse el peligro.
PITÓN IZQUIERDO Muchos toreros suelen
torear por su cuenta, sin atender al toro ni su bravura. De ahí lo insulso de
los pases que aburren la tarde. Se requiere la bravura con toreabilidad y un
torero que la reconozca. Los aficionados no piden docilidad, aunque el gran
público se embelese con ella. Los toros deben saber lo que dejan atrás al
pasar, siguiendo la muleta. Hay toros nobles, que se dejan engañar una y otra
vez y cuando llegan a trompicarse con el diestro se olvidan de los cuernos y quedan
como sorprendidos, viendo cómo se revuelve en el suelo.
PITÓN DERECHO El gran público le
encarga la bravura al ganadero y hay ganaderos que atienden ¨los nuevos gustos¨
y generan toros con bravura, pero light, descafeinada; otros prefieren
tener el tesoro de la bravura áspera, y no el tesoro de las taquillas. Cuando
sale el toro a modo, el diestro común se chipilea con él, mientras que los
aficionados añoran la fortuna de ver salir un toro bravo y un torero apto para templar
sus acometidas.
DESPLANTE ¿Cómo es posible que pasados
más de treinta años, aún recordemos a Timbalero y a Mariano?
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