PATIO DE CUADRILLAS Volvimos a
disfrutar la destreza que tiene El Juli para poner las condiciones del toro al
servicio de su tauromaquia. Hizo que un toro grandulón, quedado, blandengue,
embistiera a la muleta con lentitud, rozando las sedas y oros de sus muslos. En
seguida con medio giro de la muñeca marcaba el fin del pase, dejaba al toro ahí
y sin sacudir el lienzo, sin echarse un rascapetate, ni bailar zapateado hilvanaba
la tanda, sin baches entre los pases. Sin reponer terrenos ni corregir
alineamientos.
PITÓN DERECHO Una vez en
Tijuana, ante un toro de Barralva, encaste mexicano, al iniciar la faena, el
mansurrón fue colocado cerca de toriles. El Juli caminó desde los medios dejándose
ver. Cuando el toro sintió su territorio invadido embistió sin la fluidez que tuvo en banderillas, algo
descompuesto. En el viaje El Juli, con una leve sacudida lo fijó en el engaño,
lo tomó con suavidad, se lo fajó y lo llevó hasta allá para hacerle tomar el
siguiente Óle. ¡En sólo una embestida, corrigió, embarcó, templó y mandó!
Órale.
PITÓN IZQUIERDO Por si fuera
poco, al rato tomó la muleta con la izquierda a pesar que eran evidentes las cabeceadas
por ese lado. El toro, la muleta, el temple, la muñeca. Cortó las orejas. Temporadas
posteriores a esa tarde, El Juli sigue presidiendo en la cima del Monte Taurus.
PITÓN DERECHO Ahora, en este
domingo 5 del Aniversario 71, El Juli demuestra
que no se acomoda en sus laureles. No espera el toro a modo, porque ya conoce
la ganadería. Lo observa, lo tantea, lo corrige, lo embarca, lo templa y lo
manda a donde puede recogerlo con suavidad. Parece que no hay secretos sobre cómo
mantener al toro interesado en la muleta. Hubo un momento en que el toro,
después de una serie quedó viendo hacia toriles, con El Juli dos metros atrás, un
segundo después pareció preferir la batalla entablada, se revolvió, vio al
torero inmóvil y embistió de nuevo. Óle.
PITÓN IZQUIERDO El Juli no se
deja ganar las batallas, y habrá algunos que consideran que todavía no supera
la ansiedad del novillero; no caen en cuenta que es un maestro aguerrido y consistente. Sus salidas no son para asustar sino para continuar el
arte con el apoyo del valor y la técnica
que tiene. Coloca su valor (que a pesar de ser tanto, no se ostenta), y la
técnica (que siendo refinada no distrae), como utensilios básicos de su vocación
e intuición torera, no como subterfugios para fomentar la gritería.
PITÓN DERECHO En un artículo
reciente sostuvimos la idea que a El Juli le correspondería ser el eje de la
fiesta en La México. Por supuesto que no fue una orden ejecutiva, si
consideramos quien emitió el comento. Hay otros toreros y otros intereses. Pero
habida cuenta de las tardes triunfales y de faenas sin la corona de acero, El
Juli sería el indicado para, cuando menos, hacer el paseíllo del 19, día en que la empresa habrá de decidir sobre los
triunfadores previos. Preparémonos para ver de qué color tiñe el verde.
CAMBIO DE LIDIA Francisco Miguel
Aguirre Farías postula una hipótesis
sorprendente: que el toro considera al engaño como un depredador del que tiene
que defenderse, atacándolo. Tal hipótesis al extenderla para su incorporación
al entendimiento de la tauromaquia, nos obliga con el peso de la lógica a decir
que si el toro entabla un combate contra el capote y las muletas, entonces esa
batalla que se da entre dos ¨enemigos¨ es la que aprovecha el torero para intervenir
con su valor y técnica. Situado en la liza en la que puede ser una victima colateral,
tiene que elevar el riesgo de morir, a una emoción estética.

REMATE Cuando me dispongo a ver
a El Juli, no espero ¨a ver si sale en buena tarde´, o si el ¨toro colabora¨, o
si ¨el viento lo permite¨. A El Juli voy a verlo continuar lo que hizo la
anterior salida; no sólo liga los pases, sino las tardes. Órale.
Nota: Aguirre
Farías Francisco Miguel. Detrás del
Valor y del Arte. México, 2015. Impresos Gráficos Publicitarios. 110 pp.
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