PITÓN DERECHO Diego, el cuarto de la dinastía Silveti, recibe la
confirmación de manos de Enrique Ponce. Antes había sido apadrinado por José
Tomás, en Gijón, España. ¡Qué padrinos! No le fue propicio el lote pero
alcanzamos a ver su técnica durante la lidia del primero, escaso de ánimo,
descastado, noble, que no hizo honor a su nombre Rey David, Con ese Diego nos
regaló verónicas suaves y un remate nítido. Luego con la muleta dos Desdenes a
media altura que dio cuenta cómo se encargó de las condiciones del burel.
Ofreció regalar el que hubiera sido noveno de la noche, pero no apareció. Tal
vez por el hecho que habían devuelto el primero de Ponce por escuálido, más los
dos regalados, se habían agotado las reservas de La México. Diego se llevó una
herida en el pene que no lo hizo guardar cama.
PITÓN IZQUIERDO Sus alternantes quedaron mejor. Ambos toreros
entendieron bien su lote reglamentario y al obsequiado. Ponce cuenta con un
historial enorme que se le ve en el reposo
con que manda al toro y Saldívar con esa clase todavía acalorada por
momentos, de la emoción de novillero pero ya augurando la sabiduría del torero
decantado. Las proezas de Ponce y Saldívar fueron leños al fogón donde el
poncianista y el carpetovetónico calientan sus óles. Ya hemos bautizado con
esos ismos a las dos aficiones que
promueven la superioridad de una fiesta sobre la otra, de unos toreros sobre
los otros. Ambos torearon tan pausada y densamente que se metieron a la cuarta
dimensión del temple que piden e imponen los toros mexicanos.
PITÓN DERECHO Qué bien entendieron a sus toros. Muchas de las
reuniones fueron exquisitas. Era otra
dimensión del tiempo. En el de regalo Ponce después de cien pases y un pinchazo
en lo alto, metió la espada bien. Según nosotros tuvo merecimientos hasta para
dos orejas. Fue una de las faenas más importantes que hay tenido y con esa
negativa se le fue la salida en hombros. En cambio Saldívar con cuatro orejas y
un rabo salió de la plaza a hombros y se metió en el corazón de la afición.
PITÓN IZQUIERDO El toro de regalo de Ponce, Escultor, salió dos
veces por toriles. La primera para reemplazar a Fiesta Eterna (¡Hágannos el
favor!), rechazado por compasión. Estuvo unos minutos pero luego se dio la
orden de que lo regresaran y saliera Pirricas. Este Pirricas fue toreado con el
público de uñas. Cuando salió como el séptimo para ser lidiado Escultor resultó
de ensueño. ¿Qué se pudiera columbrar?

PITÓN IZQUIERDO Ponce sufrió las rechiflas por Pirricas que no tuvo
mucha presencia si lo comparamos con los toros que miles vimos por televisión
ultramarina en las recientes ferias ibéricas. Eso es la presencia que
anhelamos, pero es mucho pedir si también queremos muchos pases templados. Sin
embargo a la hora de comparar los cien pases que dio Ponce y los otros muchos de
Saldívar preferimos ver torear largamente como lo permite el buen toro mexicano
y no ver un puñado de pases a las moles con cuernos que se aburren pronto de la
muleta.
PITÓN DERECHO Encontramos una entrevista fechada en abril de 1921
hecha en México, a Ignacio Sánchez Mejías por el periodista Wenceslao Blasco. Ignacio
contesta que su mayor afición es “Torear”, lo que era de esperarse de un torero
diríamos, y después del toreo, insiste el indiscreto Blasco, ¿cuál sería la
afición siguiente?, contesta el ex cuñado de Joselito “Ver torear bien”.
PITÓN IZQUIERDO Es singular esa respuesta porque generalmente los
artistas sufren para reconocer ojos en cara ajena. Que una figura como Sánchez
Mejías disfrute como su segunda afición ver torear bien, quiere decir que
reconocía la calidad de los otros. El Guerra no podría ver torear bien porque
después de él, “naiden”. Claro que pocas veces los toreros hablan mal de sus
colegas, pero si les preguntáramos lo mismo que a Sánchez Mejías, ¿Contestarían
lo mismo?
DESPLANTE Tal vez esa sea también el caso de los gustos de la afición
mexicana y la española, Enfrentadas la una a la otra, pudiéramos preguntarles
si los españoles disfrutan las corridas de México, y a los mexicanos si
disfrutamos las corridas de España. ¿Cuál sería la respuesta? ¿Cuál fue la de
Sánchez Mejía, como su segunda afición?
OTRO DESPLANTE Rechazo la idea que tenemos que escoger una de las
dos fiestas. Tener que escoger sólo lo hace a uno indeciso. ¿Y si aceptamos que
son dos fiestas distintas y subyugantes y que no tenemos porqué quedarnos con
una sola?
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