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domingo, 4 de noviembre de 2018

BULLFIGTHS AND / Y CORRIDAS DE TOROS

CREW COURT Todos aquellos cuya lengua materna es el Inglés, después de acomodarse en los tendidos para presenciar el toreo, adolecen de un impedimento inesperado: su idioma los ha predispuesto a ver una pelea a bullfight; No a apreciar una ceremonia artística. Se alistan para la batalla y encuentran sobre la arena un hombre cuya coraza es de oro y seda y protegido con lienzos que ondula lentamente para crear un pas de deux con el animal de cuernos y con media tonelada sin adiestramiento previo. Luego inesperadamente escuchan gritos de júbilo o desencanto y no están seguros del motivo del clamor. Where the heck is the fight?

THE YELLOW ROSE OF TEXAS Lo más parecido a una lucha que ven es el encuentro  con la muerte del toro por la delgada espada que hunde el brillo dentro del lomo animal. Mas como están distanciados culturalmente no intuyen el misterioso sacrificio culminante como tal, sino como una crueldad injustificada, de naturaleza ingrata. Aún así forman legiones los aficionados angloparlantes que logran disfrutar las corridas que después las reconstruyen con observaciones y juicios pertinentes. También escriben libros y entre los más destacados escritores, pintores y dibujantes taurinos está Tom Lea, nuestro hombre recientemente acomodado entre mis libros. Aunque no estamos muy seguros que se haya librado del prejuicio fight, porque en su novela la tarde culminante prefirió acentuar más lo encarnizado que lo artístico.

PITÓN DERECHO En otra narración recogida por Rebecca Craver y Adair Margo (TOM LEA,  An Oral History), Tom recuerda que cuando niño, en El Paso Texas, los lugareños se preparaban con sillas y binoculares sobre la azotea de un edificio bancario para divisar, desde el lado pacífico el tiroteo south of the border, entre los grupos revolucionarios (Pág. 12).  (No lo dice Tom, pero es sabido que ambos lados de la balacera eran surtidos por los mismos traficantes de armas que dosificaban las municiones según conviniera el resultado). La esposa de Pancho Villa, Luz Corral había sido apresada por contrabando de armas por el padre de Tom que por esos años fue City Mayor of El Paso.  (Pág. 22).

PITÓN IZQUIERDO Me detuve en el episodio ajeno al toro, porque fue la primicia visual de los combates que cubriría para Life años después, como corresponsal de guerra. Asimismo en esas ocasiones aprendió a ver, sobre una butaca ¨combates a muerte¨ como espectáculos multitudinarios, similares a las corridas.  

PITÓN IZQUIERDO, OTRA VEZ Me permito la siguiente conjetura: Una vez apagado el conflicto (anulado Villa en Celaya 1917 y Obregón como presidente en 1920), cuando Tom tendría entre 10 y 13 años), habría asistido ya a sus primeros rituales taurinos (Explicación del término al final del artículo), en Ciudad Juárez. Tom no lo relata en el primer capítulo. que cubre desde su nacimiento, 1907 a 1924 cuando va a estudiar a Chicago. En posteriores líneas recuerda que la revista Life, para la cual trabajaba le encargó un artículo sobre el ganado de carne y que para ambientarse pasó algún tiempo en Chicago viendo la matanza.

PITÓN DERECHO  Esa experiencia dice Tom, lo hizo comparar la forma en que morían las reses para carne en Chicago y la muerte del toro bravo arrastrado por caballos con cascabeles. En vez de redactar el ensayo encomendado escribe uno sobre las corridas de toros (!). Ese documento lo rechazan en Life y el lo guarda para mejores tiempos.
PITÓN DERECHO Por medio de un español radicado en Durango, México, Salvador Cofiño (a quien mete en la novela), se adentra en el fascinante espacio taurino y es como conoce a Manolete (Pág. 101)  y Julián Llaguno (Pág, 100). Realiza sendas pinturas cuyas reproducciones aparecen en Oral History  (Placas 17 y 18, respectivamente). Tiene oportunidad de ver cómo visten a Manolete y tal vez es la descripción que aparece en la novela  The Brave Bulls  cuando visten a Luis Belllo (Págs. 105, 106).  Esta novela tiene varias ediciones: británica, noruega, holandesa, hebrea, mexicana, española, italiana y fue convertida en película dirigida por Senner en 1950, con Mel Ferrer, Miroslava, Anthony Quinn y cuando Tom Lea hace referencia a Miroslava y su relación con Luis Miguel Dominguín aparente causa de su suicidio, la menciona como húngara.

Pudiera ser una curiosa coincidencia, pero la firma de Tom Lea antes de 1950 cuando publica su novela y se exhibe la película basada en ella. Después de esa fecha la T semeja un estoque de torero que la anterior, de rasgos más simples. Como otros muchos libros de toros, hay tanto por recalentar entre sus pastas que  volveré a The Brave Bulls y Oral History cuando necesite cambiar de perspectiva cultural para mejor apreciar los rituales taurinos. ¡Óle, Tom!
TORO DE REGALO Si el vocablo inglés  Bullfight no corresponde a lo que se ve sobre el ruedo, tampoco la expresión Corrida de Toros describe lo visto en el mismo escenario. Ambas locuciones son ejemplo del desatino de las palabras cuando envejecen. Alguna vez en algún país fueron lozanas y pertinentes pero con el paso del tiempo o al  pasar a otro perdieron su propiedad, su contenido y terminaron por vivir a la buena de Dios. Extenderé lo dicho: Corrida de toros es la acción y resultado del festejo de corredores al intercalarse con el tropel taurino desde el lugar del desembarco hasta los corrales de la plaza donde serán lidiados. El espectáculo de Pamplona es el referente empírico más apropiado y conocido. Durante los fermines todas las mañanas hay una corrida de toros y por la tarde lo que pudiéramos llamar El Ritual Taurino que es la sobre vivencia milenaria de la Fiesta de las Fiestas. Por mi cuenta habré de reconocer no haber asistido a una corrida de toros en la plaza México, ni en La Maestranza ni en Las Ventas. Ni en Nimes o Manizales, Bilbao o Tijuana. Tampoco en Ciudad Juárez o en Mexicali ni en San José Atlán o Ixmiquilpan, porque nunca he visto a nadie correr con todo y toros por las calles aledañas. Correr los toros es un acto popular que no se ha dado en la inmensa mayoría de las plazas. Correr despavorido entre los toros y jugar con ellos y con la vida, es un acto del pueblo enfiestado hasta convertirse en chusma. Una corrida de toros es lo más cercano al misterio taurino de jugarse la vida y encontrar el voluptuoso placer en ello. Arriesgar el pellejo y todo lo que trae dentro sin que alguien lo sancione ni diga si hay elegancia. Una vez sobrevivida la corrida de toros, nos colocamos en nuestra butaca.

 No estamos  para ver a bullfight; vamos a presenciar un ritual taurino y verificar si los toreros lo llevan a cabo con valor, técnica y creatividad frente a un peligro de media tonelada de escalofríos. Si nos gusta o no, se los haremos saber a gritos; tal es nuestra participación. Órale.