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domingo, 24 de junio de 2018

REENCUENTRO CON TOM LEA



En una de mis lentas correrías por los depósitos de libros viejos que tiene la Ciudad de México encontré a un amigo que no reconocí completamente. Algo enredado entre mis recuerdos pareció saludarme.  

Más que pena por no reconocerlo me causó curiosidad. El encuentro me envolvió con tibieza emocional pero no pude precisar la convivencia que lo había generado. La dificultad para el reconocimiento  fue que mi amigo no habló y tenia una cubierta de forros rojos y sí, se trataba de un libro que no recordaba haber leído, pero que indiscutiblemente ocupaba un lugar entre esas vaguedades que todos amontonamos en el armario de los recuerdos que pocas veces convocamos y que terminan por evaporarse sin que los echemos de menos.

Antes de pagar el libro decidí iniciar su exploración  El autor Tom Lea me resultaba cercano y el título The Brave Bulls aún más, dada mi afiliación a la fiesta de los toros. Editado en 1950 había llegado a mis manos este 2015 y según el Ex Libris antes pasó por las de un tal Henry Nystrand quien, escrudiñando su sello  como Bitácora de Navegación debió viajar desde algún fiord hasta la ciudad de México porque la etiqueta cuenta  con cuatro paisajes. 

El primero el Palacio de las Bellas  Artes de la ciudad de México. 

El segundo un paraje nórdico con trineo tirado por renos y dos humanos que tuvieron a bien prescindir del vehículo y caminan pesadamente cubiertos con abrigos.

Bajo la imagen de Bellas Artes, vemos  un edificio sombrío ( ¿Fue construido  en  Helsinki, Oslo, Estocolmo?), que se duplica en un espejo acuático.

El cuarto dibujo presenta magueyes y sahuaros además  de un volcán nevado. Dos bueyes  tiran de un carromato arreados por un peón en un ambiente mexicano. 

Henry Nystrand: viajero que compartes tu historia y aparente gusto por la tauromaquia, con que deleite me cruzo con tus caminos de pasados días. Compré el libro.

Degusté los primeros capítulos con sorbos de vino en una fonda cercana. Se tiene que conceder que la felicidad también es tener en las manos un libro que parece aguardar que alguien rescate de entre sus páginas algún párrafo bien escrito que no ha visto la luz en años.

El autor Tom Lea (¿Por qué me suena el nombre?), inicia su narración taurina en una ciudad llamada Cuenca, con personajes incluso el principal, que no parecen españoles, como el nombre de la ciudad sugiere ya qe en México no hay tal y en España hay una región y ciudad con ese nombre. La trama es previsible. El anhelante  muchacho se esfuerza en su afición y finalmente se enfrenta a una corrida con toros de la afamada ganadería de toros bravos llamada Las Astas. Luis Bello, el personaje triunfa y eventualmente, como es de esperarse, cae ante los hechizos de una dama que lo arruina la carrera con sus encantos. 

Tom Lea nos lleva de paso por algunas ciudades mexicanas como Monterrey y la propia capital de la república. Luego uno de sus personajes menciona Cusi, Cusihuirachic, que es un poblado chihuahuense.

Al llegar a esas líneas se inclinaron los cielos sobre mí y me inundaron con una lluvia de recuerdos. Yo había vivido desde  los cinco a los 21 años en Ciudad Juárez y asistí a la Lydia Patterson, escuela de El Paso, durante dos años y al reconocer ese nombre llegaron remembranzas.

Pues bien, entendí. recordé que Tom Lea había sido un pintor paseño que con motivo de uno de sus murales, recibió publicidad y reconocimiento que pude leer, en esos años, en El Fronterizo o en el Diario del Norte, ambos editados en Ciudad Juárez. Así que ese resultó Tom Lea.  

Muy conocido en aquel entonces como Abraham Chavez (Sin acento), el violinista y Fred Kriss el jugador de los mineros de El Paso. Esos héroes apenas fueron la avanzada de la muchedumbre de una piñata gigantesca cuando recordé a Chebo Hernández, la Pingua Canales, Jesse Fonseca, Natos Martínez, Popeye Salvatierra, Neri Santos, Vinicio García, Carlos Anaya, Johnny Clayton,  El Médico Asesino, Dientes Hernández, Tarzán Guerrero, Manny Ortega. Jesús Soltro, Edmundo J. Diéguez, José Rodríguez Herrera, Adolfo Quijano y todo el catálogo de nombres y rostros desparramados ente los tepalcates de la piñata rota por Tom Lea: beisbolistas, boxeadores, luchadores, locutores, músicos. Sí, el reencuentro con Tom Lea había reventado la piñata de días pasados.  

Como yo había dejado de residir en Juárez desde 1954 para ponerme al día de la vida del escritor recurrí al Internet. Supe de la fundación que lleva su nombre y del domicilio en El Paso,Texas. Yo vivo en  La higa, Mineral dela Reforma, Hidalgo, a 2 horas por autobús y 3 por el aire de Cd. Juárez.

En mi siguiente  visita a Cd. Juárez decidí cruzar (legalmente), el Rio Bravo (en la otra orilla los conocen como Grande), y reconstruyendo con pasos y recuerdos las calles que tanto caminé como estudiante quinceañero de la Lydia, llegué a mis 85 años al  201 E. Main. Suite 100. El Paso, Texas 79941. Tom Lea Foundation. Ahí encontré a Sarah, Paola y Alberto, funcionarios de la Tom Lea Foundation.