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viernes, 20 de marzo de 2020

LA FIESTA MEXICANA



PATIO DE CUADRILLAS Iteramos que todas las plazas de toros del mundo tienen dos reglamentos,  aseveración que no ha recibido desmentidos. 1º El Reglamento establecido por la autoridad municipal que resulta ser el viacrucis que debe transitar el delegado, juez o presidente de la corrida y el 2º, Los Usos y Costumbres no encuadernado aunque es del conocimiento de los lugareños mismos que se regocijan en la fiesta y hasta se pitorrean ocasionalmente del reglamento escrito, aun cuando no lo conozcan. Tal vez la totalidad de las broncas que se dan de tarde en tarde no sea otro asunto que la interpretación de ambos reglamentos. 




LIÁNDOSE EL CAPOTE Conocer Los Usos y Costumbres de Doxey[1] fue uno de incentivos que me llevó a esa plaza en el Estado de Hidalgo. Está a 52 kilómetros en línea recta al oeste de la capital Pachuca y es una de la veintena de cosos similares dispersos en el territorio con montañas y llanuras del estado que cuenta además con una docena de ganaderías de reses bravas. El cupo es de unos dos mil aficionados y a 60 kilómetros a la redonda están las plazas de Vicente Segura en Pachuca, la del Carmen en Caxuxi y cortijos del Brillante de Tlaxcoapan, La Ilusión de Tepetates y Puerta Grande en Tilcuautla, donde habitualmente se disfrutan rituales taurinos.

TALLANDO LA TIZA Un anuncio al lado de la carretera nos lleva a una mujer que atiende un brasero. Está preparando quesadillas de escamoles y chicharrones prensados. Al sentarnos en torno de la elemental mesa, sabemos que la carta es más amplia: pulque, tacos, quesadillas, café, refrescos embotellados. Decidimos por los escamoles, chicharrones y pulque curado de pistache aunque también había blanco. ¡Qué bien se llevan los escamoles con el curado de pistache! Sin anotación escrita la doña recuerda los bocadillos y presenta la cuenta exacta. Al llegar a la plaza una hora más tarde rematamos con un elote asado emplastado con mayonesa, revestido con ralladuras de queso, con  graffiti de polvo de chile rojo y ensartado en un palillo higiénico reusable que impide la transferencia del menjurje a las manos aunque no a la cara.

CIELO ANDALUZ Mi grupo está formado por Luis Gallardo un matador de toros que es el instructor de El Maletilla, un adolescente que participará y mi tocayo, padre del matador. Los tres son miembros de la Escuela Taurina Jorge Gutiérrez con sede en Pachuca, Hidalgo. Tiene funcionando unos diez años. Además de El Maletilla en esa escuela asisten una decena de niños y adolescentes aprendiendo a amalgamar el miedo con la técnica para desarrollar la creatividad artística frente al peligro provocado por ellos mismos: una bestia que ataca sin adiestramiento previo.  

CAMBIANDO LA SEDA POR EL PERCAL Llegamos a Doxey tierra Ñañú, hábitat de una de las sesenta etnias que persisten en México con su idioma, historia  y costumbres. El asentamiento no se distingue de otros del centro del país. Claro en quinientos años de interpenetración cultural la etnia ha incorporado muchos rasgos del mestizaje mexicano del rumbo. Por ejemplo lidias a la usanza española ya han sido  aclimatadas, la indumentaria, los nefastos refrescos gaseosos. Se conservan elementos como la comida regional y el pelo negro de las mujeres y hombres, a diferencia de las muchedumbres citadinas en donde  es muy visible la casi polarización de pelo rubio de ellas y el negro o canoso entre los varones.

¡PUERTA! Por ser parte de la comitiva de El Maletilla nos designaron una casa frente a la plaza para que el torero se vistiera. Desde ahí se podía observar la puerta de entrada. Poca asistencia. Los vendedores de comida ponderaban sus bocadillos y  la ventana como sordina no dejaba llegar los gritos y sólo se filtraban los gestos. El Maletilla absorto en sus imágenes puestas sobre una mesa. Todos guardábamos silencio mientras terminaba de enfundarse el chalequillo. El lento ritual de vestirse un torero me ha parecido siempre que es enfundarse en una mortaja. El miedo trasminaba la tarde. Algo dentro el pecho que nos hace sentir el vaho de una calamidad.  Cuando salimos de nuevo al día y caminamos a la plaza empezamos a aligerar el paso bajo el sol.

PITÓN IZQUIERDO A mi tocayo lo comprometieron de Juez. Una hora y media después de lo anunciado empezó el ritual taurino. Había corrido la voz que los toreros pedían su pago antes de jugarse la vida. Dentro de la plaza los compradores de papas a la francesa acompañaban el bocadillo con chiles jalapeños en escabeche. Un vendedor de dulces traía su mercancía en una canasta que colgaba de su cuello con las golosinas y las monedas de su comercio. Los brazos le terminaban cerca de las muñecas y por manos tenía sendos cilindros negros que cubrían los muñones. ¨ ¿Cómo le hace para dar cambio?¨ preguntó una niñita a su mamá que la calló. El sol pesaba y las cervezas se vendían bien, en su propio  envase vítreo.

PITÓN DERECHO El cartel era variado: tres matadores, un novillero y un niño torero;  ganado de La Paz, una ganadería del rumbo. Allá por la puerta de cuadrillas, en las gradas vacías un perro ladra furiosamente cada vez que el toro pasa cerca. El matador Chihuahua toreó con naturalidad y con muchos pasos entre pase y pase. El novillero Alejandro Adame puso la suavidad en la tarde y pudo hilar con primor algunos pases. Silis, el matador, triunfó con su personalidad y fuerza. Garza Gaona el otro matador no pudo acordarse de ninguno de sus ilustres apellidos.

PITÓN IZQUIERDO El perro ladrador y un colega aparecieron sobre la arena como espontáneos y no permitían que el ofuscado torero pudiera descabellar al toro. Ladraban y atraían la mitad de los peones que por falta de una puntilla habían dejado que fuera el matador que picoteara al toro con el estoque desatinado, mientras ellos ahuyentaban a los canes. En otra plaza los asistentes hubieran dirigido una silbatina soez al Juez  pero en Doxey los perros fueron un regocijo que (me pareció), en un momento arrancaron un óle. Por fin el torero acertó.

PITÓN DERECHO El  Maletilla no tuvo suerte con su becerrón y resolvió su turno con destreza sin tocar las orillas del arte. Casi de noche terminó la jornada. El inmueble carece de iluminación eléctrica y con la ayuda de las linternas de los teléfonos celulares ahuyentamos las sombras de los escalones para salir cuidadosamente a la oscuridad externa donde persistían algunos vendedores.

PITÓN IZQUIERDO Al regreso nos detuvimos en una fonda concurrida al aire libre. Un pedigüeño se declaró centroamericano y agradeció algunas monedas. Acto seguido pidió un platillo y se sentó junto a nosotros. Mi selección fueron tacos dorados que me fueron servidos caldosos en un plato hondo y con cuchara; la presentación extraña me disuadió de pedir arroz porque tal vez lo hubieran servido con popote.



RECORTE FINAL Días después encontré a un hablante de Ñañú que me informó sobre el significado de Doxey (Su pronunciación fue Doshéy) que es ¨tepalcate viejo¨, es decir viejo trozo de cerámica. 


  

[1] AZCUE Y MANCERA, Luis/ TOUSSAINT Manuel/ FERNÁNDEZ Justino. CATÁLOGO DE CONSTRUCCIONES RELIGIOSAS  DEL ESTADO DE HIDALGO. (MÉXICO MCMXLIII) Talleres Gráficos de la Nación. Dos  Vol. / CXXXI y CMXIII pp. Con índices y fotografías. La referencia como Doxhey se encuentran en Vol. II, p. 417.