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martes, 13 de enero de 2009

ALEBRIJE

JOSELINO, como siempre, le agradezco su generosidad. Gracias

DE PITON A PITON

LAS SIETE MARAVILLAS DE LA FIESTA

PITON IZQUIERDO Esta columna va para quienes empiezan a buscar, y encuentran cada vez más joyas y conocimientos para entender el rito de las corridas de toros. Hay que recordar que jamás se logrará el entendimiento completo, porque nadie lo ha hecho, ni lo hará, ya que se trata del mundo elusivo de la estética que es uno, entre muchos, misterios de nosotros los humanos. Si no es el caso de Usted, porque ya no es de los recientemente iniciados, entonces no le divertirá la lectura, misma que le sugiero, deje aquí.

PITON DERECHO (Qué bueno que siguió leyendo) La fiesta tiene muchos rasgos que nos pueden guiar para su entendimiento: 1º La tradición que le da peso histórico, 2º La estética que hace de la tauromaquia un arte incomparable, 3º La evolución histórica que la modifica, 4º El negocio que la hace apetecible, 5º El espectáculo que la viste y, 6º La esperanza de encontrar quien la perpetúe.

PITON IZQUIERDO Luego propondremos uno más.

PITON IZQUIERDO, OTRA VEZ Cada fiesta popular es un microcosmos que podemos escudriñar y obtener conocimientos más amplios, por eso creemos que cualquier corrida de toros, analizada con cierto cuidado, nos puede ilustrar cada uno de los puntos mencionados en el pitón anterior. Tomemos, por ejemplo, la del sábado 11 de noviembre de 2007, en la plaza Calafia, de Mexicali, Baja California, México, Continente americano.

PITON IZQUIERDO Empecemos con la tradición. Mexicali con poco más de un siglo de fundada, ha tenido 4 plazas de toros. Calafia la última, está con nosotros desde 1975. Tenemos pues, una tradición local cercana a los 100 años. En México, la 1ª corrida puede tener 478, 481 o 479 años de haberse efectuado. Unos la fechan el 13 de agosto de 1529, otros el 24 de junio de 1526, otros más, en septiembre de 1528. Por supuesto que no se realizó como las que ahora conocemos, los toros eran viejos y algunos toreados varias veces. Usaban distintos aperos y algunas veces perros, además de los caballos. La fiesta es venerable aunque los lances y la coreografía hayan cambiado, pero queda el hecho incuestionable que los hombres y mujeres mexicanos (Antes del Siglo XX ya hay registros de toreras mexicanas), se enfrentan desde hace centurias, a los toros con otra motivación que la de hacerlos tacos para engullirlos. Aunque les vaya la vida en la proeza. La corrida de toros es una tradición que hasta el Vaticano ha fracasado en erradicar planetariamente, sin olvidar a nuestros presidentes Juárez y Carranza, que tampoco pudieron en el territorio nacional. Las autoridades que despejan la plaza, el paseíllo, la entrega de trofeos que inicialmente era para que el torero recogiera parte del toro, los matadores que se convierten al final del primer tercio en auxiliares del picador. El que solamente los matadores y picadores acostumbren lucir oro en sus bordados, y sigue la lista. Como ejemplo de leve quebranto, este sábado hubo una infracción a la costumbre de pedir autorización para matar al toro. El torero Villaseñor no lo hizo, porque el Juez Barajas no accedió a pasar a Alebrije con dos pares de banderillas, así que cuando llegó el turno del tercio final, para corresponder con una descortesía la aplicación del reglamento, no pidió permiso para matar.

PITON DERECHO En cuanto a la búsqueda de la estética es, simplemente, tratar de crear belleza, de buscar al arrobamiento de los aficionados, el propio del diestro. Cualquier exploración de la belleza es un arte, porque se trata de llegar a la emoción estética. Claro que hay obras de arte frustradas, que no florecen en belleza, pero eso no las elimina de ser obras de arte, a lo sumo las clasifica como actos fallidos. La mayoría de los pases que intentan, en este caso los toreros, buscan crear la belleza y, por lo tanto, generar la emoción estética. Sólo que el aire, el miedo, la falta de técnica, las condiciones del toro, la misma afición del torero impiden a menudo, ese arrobamiento que las figuras afamadas si logran con frecuencia. El otorgamiento de orejas no tiene otro sentido sino el premiar la belleza con que nos deleitó el diestro. Ya hace tiempo que dejaron de ser vales para porciones de la res lidiada.

PITON IZQUIERDO Hablemos algo de la evolución histórica. Como cualquier otra conducta social humana los tiempos le dejan su impronta. Porque está sujeta, la actividad, a exigencias de la moda y a las leyes de su propia condición. Dijimos arriba que la fiesta había cambiado. Ahora añadiremos que no solamente en los utensilios de lidia o en la indumentaria o la coreografía, sino también, y esto es básico, en el tipo del toro que también fue cambiando por sus criadores y por el movedizo gusto de la multitud, y seguirán los cambios, en el toro por razones de ligas genéticas, encastes, refrescos de sangre, cruzas y alimentación manufacturada ex profeso. En cuanto al gusto de la multitud, cambia por la influencia de otros espectáculos, de las ideas ecológicas, del ablandamiento de determinadas costumbres. En la antigüedad las suertes con las telas, eran la preparación para la muerte del cornúpeta y, si eso siguiera vigente, ¿Cuál sería entonces, el caso de las suertes con el percal y franela en Portugal, ya que allá no se matan a los toros sobre el ruedo? ¿Ya no habría matadores de toros? ¿O solamente toreros? Por lo que se aprecia a simple vista, la muerte del toro no empieza cuando el torero abre el capote y recoge la fuerza virginal del toro, que da su primera embestida de su vida, que durará solamente unos 20 minutos más. No, el primer tercio es una fase de la corta vida del toro, es un acto de la tauromaquia. Las ondulaciones del capote acompañando al toro son más parecidas a un pas de deux usando bugambilias, rosas, azucenas, alcatraces, para templar la embestida de cuernos potencialmente mortales, y no a una preparación de la muerte de su portador. ¿Vieron las gaoneras de Villaseñor? ¿Y las chicuelinas de El Geno? ¿Dirían que estaban preparando la muerte de sus toros?

PITON DERECHO La fiesta también es negocio, no siempre pingüe, porque necesita figuras para serlo, en las plazas importantes. En las que no lo son, basta con la afición base que acude a todos los eventos programados. En Sevilla impiden llevar cámaras o grabadoras, para que uno no se robe las imágenes. En Mexicali no dejan introducir comida, ni bebidas, ni cámaras, ni filmadoras, pero afortunadamente no es buena la vigilancia tratándose de botas con vino, ni de cámaras, pero si de comida. Pude atestiguar como a unas mujeres les quitaron unas cajas de plástico, tal vez con papitas a la francesa, o hamburguesas. Eso, sin duda alguna, para proteger la franquicia interna. Por cierto, y hablando de bocadillos, esta vez no pude cumplir con el rito personal de comer un elote “con todo” a la salida de la corrida, porque tampoco permitieron a los eloteros vender en las afueras su producto prehispánico, no así a los hatdogueros, coleros, pregoneros de aguas teñidas y azucaradas y otros vendedores de chuchulucos del mundo globalizado.

PITON IZQUIERDO Como espectáculo, la fiesta es única Los hombres vestidos con oro y seda, con medias enrojecidas, siguiendo un rito del que la mayoría está pendiente para que sea cumplido. Visten como nunca nadie lo hizo, fuera de las corridas. Los machos con que ciñen Las corvas, son tan parte de su vestido como las hombreras, sin olvidar el chaleco que también puede estar bordado en oro. Son actores a los que les suceden cosas reales. El toro no es de mentiras, puede matar y no pueden hacer que aprenda su papel de partiquino sumiso. No pueden ponerlo de acuerdo. El reglamento vigente es la acotación del espectáculo. No importa que los asistentes no sepan mucho de él, exigen el cumplimiento de la mayor parte del rito, aunque olviden o ignoren lo que diga el reglamento. Se dan cuenta cuando el torero torea de lejecitos y da el paso atrás, cuando se saca, cuando corre y no se cuadra elegantemente. Chillan cuando el picador se excede, aplauden cuando cumple, exigen al matador que ponga banderillas. Es el único espectáculo artístico donde el artista realiza su obra con los críticos gritándole, aplaudiendo sus éxitos y atronando sus titubeos. Es el único que recibe la censura o aprobación en el acto mismo de la creación. Otros artistas, como los pintores, músicos, escritores pueden morir sin saber si fueron aclamados o repudiados porque sus pinturas no fueron expuestas en vida del autor, ni los libros publicados, ni su música ejecutada frente a una audiencia. Eso no les pasa a los toreros. Es un espectáculo artístico único.

PITON DERECHO Siempre habrá una esperanza en el tendido de encontrar quien perpetúe la fiesta, cambiándola. Con frecuencia nos equivocamos porque muchas veces creemos haber encontrado al que iría a cambiar la fiesta. Eso le pasó al que escribe con Luís Fernando Sánchez, con el Callao. Este sábado he renovado mis esperanzas con Omar Villaseñor, después de tanto tiempo de extrañar a Manolo. La quietud de su cuerpo, la parsimonia de sus pasos, el juego de los brazos, la estocada fulminante. ¿Será? Si le quitaran el entusiasmo frenético de novillero y lo metieran en el sosiego de un matador...

PITON DERECHO, OTRA VEZ José Tomás está consolidando la fiesta y, simultáneamente cambiándola. Tiene el don de sintetizar a todos los que, antes que él, se han aquietado frente al toro, y por otro lado va a obligar a muchos a asentar las zapatillas y a no molestar al toro. No todos podrán hacerlo. Eso es vivir esperanzado a ver a un torero del que se pueda decir, Antes de él y Después de él. Ponciano Díaz, Gaona, Silverio, Belmonte, Manolete, El Cordobés, Camino, Manolo, Hermoso de Mendoza. (Hay otras listas, obviamente) ¿Podríamos decir ya, Antes de Tomás y después de Tomás? ¿Algún día diremos, Antes de Omar y después de Omar?

DESPLANTE El Toreo de Tijuana es ya un recuerdo. También la Monumental de Ciudad Juárez. En aquella vimos una faena inolvidable de El Juli. En ésta una de Mariano. Se mantienen afortunadamente, la de Playas y la Balderas, respectivamente. Junto a las demás ciudades fronterizas donde se dan corridas, entre todas forman una retahíla de custodias donde reposa la identidad nacional de gran parte de los mexicanos, que sería el 7º rasgo de la fiesta de toros, tal como la vemos.

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