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miércoles, 21 de enero de 2009

EL RING A MITAD DE PLAZA


Por Eugenio Guerrero
PITÓN IZQUIERDO
Las dos únicas criaturas que he sabido fueron toreros y púgiles en distintas épocas de sus, necesariamente divertidas, vidas, son Juan Orol y Luís Folledo, ambos españoles. Juan Orol terminó siendo un cineasta famoso con gran aporte al folclore mexicano (Tiene algunos célebres disparates filmados), pero no descolló, ni como torero ni como boxeador. Luis Folledo si tuvo alguna permanencia en las listas de los principales boxeadores, según The Ring, pero como torero no fue notable. Ambos ejercieron las profesiones que nosotros encontramos, como espectáculo, entre las más fascinantes.
PITÓN DERECHO
La obligada celeridad con que los medios tratan los miles de eventos que día a día se presentan, obliga a los cronistas a obnubilar sus descripciones. Por ejemplo dicen que un pateador de balones es un artista de la cancha aunque meta los goles con la mano o aseste cabezazos deliberados a sus contrincantes. Que un repartidor de moquetes es un esteta del ring, aunque tenga el tabique nasal al ras, las orejas como muéganos y la mente divagante y que su tarea sobre el encordado sea aplicar los suficientes cancos para que su contrincante adquiera la misma condición deplorable. Que un deporte es el Rey de ellos, aunque sus oficiantes pasen una buena porción del juego masticando tabaco, acomodando la concha en las ingles y echando los jugos del tabaco a diestra y siniestra.
PITÓN DERECHO, OTRA VEZ
En cambio el torero que empezó hace siglos como acosador de toros para matarlos, ha ido evolucionando hasta quedar en la actualidad como un artista trágico, porque siempre termina con la muerte de su alter ego. Ya no es la muerte del toro la obra final de la lidia, que empezó a conocerse básicamente como preparativo para matar toros y ahora es más frecuente identificarla como obra artística Ahora la obra sustancial se realiza antes de la muerte y se culmina con la estocada.
PITÓN DERECHO, UNA VEZ MÁS
También, paralelamente a ese cambio de identificación del oficio, el ejercicio taurómaco se ha convertido en un rito de lentitud, de creación de belleza lánguida y efímera, de manera tan ostensible que, creemos nosotros, es la razón por la que las multitudes no asocian la densidad de los pases lentos e hinchados de emociones con la necesaria muerte del toro. ¿Cómo es que tiene que terminarse matando al animal? Por eso, creemos, se han retirado de los tendidos: quieren ver belleza sin que el toro sea herido. Esa repulsión a la sangre, tan vinculada con los movimientos promovidos por ecologistas puritanos, es lo que según Carlos Hernández González el autor de la obra Sin Sangre Pajarito, aquel que voló hasta las primeras barreras, es la razón de la poca asistencia. La muchedumbre iría a las corridas en mayor cantidad si se eliminaran las banderillas, la pica y la muerte en la arena. Tal como se hace en Portugal.
PERDIÉNDOLE LA CARA AL TORO
A propósito de boxeo y toreo, recientemente falleció uno de nuestros mejores boxeadores: Memo Valero. Pude verlo en la Plaza de Toros Alberto Balderas, en Ciudad Juárez, por allá por 1949. Fue contra un negro que yo creí recordar se llamaba Bolton Bob Ford, pero el Google me dijo que era Cecil Shoemaker. Ganó Memo y antes del combate me pude colar a los vestidores donde lo vi doblado tocando el piso con los guantes, haciendo que la sangre le fluyera llenara el torso y cabeza. También recuerdo que peleó contra Manny Ortega, pero esto fue en el llamado Coliseo, en El Paso Texas, a donde nunca fui por los precios tan en dólares.
DESPLANTE
Por cierto este Manny Ortega, que fue uno de tantos que perdieron contra Memo Valero, se distingue por ser el único que noqueó a Manuel Ortiz . Ese Manny era un pocho sangre de cochi, a quien la mitad de los aficionados iba a verlo perder y la otra a ganar, entre éstos estaba yo. Tenía un avión como tatuaje sobre un muslo que se alcanzaba a ver por lo corto del calzoncillo. Si hubiera sido en estos tiempos, en que los pugilistas visten como bongoseros de carnaval, no se hubiera apreciado. Creo recordar que esa vez que perdió contra Valero, en El Paso, Texas, subió al templete encordado sin mucha condición, sustituyendo a otro que no se apareció. Valero lo puso parejo y la mitad de la afición que no apreciaba al pocho, apenas entonces le reconoció su valentía y pundonor.
SIGUE EL DESPLANTE
Otros boxeadores que he me tocó ver en la plaza de toros Alberto Balderas, adonde me colaba un día sí y otro también, son ilustres: Kid Azteca, Chebo Hernández, Tonny Mar, Nicolás Morán, Ludwig Lightburn, Charlie Salas (Vencedor de Ike Williams quien a su vez había arrumbado en el rincón de los vencidos oprobiosos a Juan Zurita), Luís Castillo y otros del establo de Kid Alzheimer. En la México, Ratón Macías, Mantequilla Nápoles, ¿Ultiminio Ramos? Battling Torres. En Calafia a Pipino Cuevas, Fili Montoya. Peleas de box en las plazas de toros, también deportes X, exhibiciones de autos, payasos y cantantes, comediantes y mítines políticos, luchadores e hipnotistas. ¿Cuándo volveremos a asistir a una plaza de toros para ver corridas de toros?

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