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domingo, 15 de marzo de 2009

CONCHITA CINTRÓN II

PITÓN DERECHO Cristina Sánchez la torera española que toreó en la México antes de desactivarse, se dolió porque los varones evitaban alternar con ella. Una excepción notable fue El Juli con quien llegó a torear en 1998 tres tardes, una de ellas mano a mano (16 de agosto). Nuestra Raquel Martínez quien participó en la primer novillada de Calafia, y que por lo tanto fue la primer torera que puso el pie sobre su arena, también externó frente a las cámaras de TV que muchos matadores no querían compartir con ella las tardes taurinas. Ambas hablaron con un dejo de resentimiento. Pero en el caso de Conchita que fue bloqueada a más no poder en España y que escribió dos libros y que tuvo oportunidad para hacerlo, no destila ninguna gota de amargura aunque sí de pesar. En España se le permitía torear a caballo pero se le prohibía hacerlo a pié, que era lo que más quería. Y eso se lo recordaban, por medio del alguacilillo, en el patio de cuadrillas. En Portugal algunos de los rejoneadores tampoco querían alternar. El mundo taurino es un chiquero altamente machista que con mucha lentitud abre las puertas a la participación femenina.
PITÓN IZQUIERDO Aquí en Calafia aprovecharon la apertura y tuvimos un cartel de féminas vestidas de luces el 25 de enero del 2004: Raquel Sánchez, Marbella Romero y Lupe López. Ésta cortó 2 orejas y yo creí estar frente a una futura figura del toreo femenino. Después desaparecieron de los carteles y agendas taurinas. Más antigua, Juanita Aparicio bajaba del bridón y toreaba con elegante destreza. Además, mataba con eficacia. A ella la vi varias veces en la México. Todas estas toreras no tuvieron problema para poner los pies en la arena y torear y además, muchas lo hicieron vestidas de luces. El problema lo tuvieron por la reticencia de los alternantes. La aspiración de Conchita, que nunca se vistió de luces, fue torear a pie en España. Para desmontar y plantar los botos en la arena en México, Perú, Colombia y Ecuador le sobraban ocasiones y no le estorbaban los alternantes.
PITÓN IZQUIERDO, OTRA VEZ Para narrar la única que vez que desafió a las autoridades para apearse, pisar el ruedo y torear, lo cuenta como “sueño” que ubica “en Jaén”. Conchita lo cuenta como arrebatada por un éxtasis del cual no está segura de haberse dado. Su reporte es mágico, ameno y bello y, según nosotros, respetuoso. Respetuoso porque el “sueño” lo vive en Jaén. Ahora bien, la provincia de Jaén tiene dos plazas de toros (Según José M. Esteban), la de Baeza (10 mil espectadores)y la de Linares (9 mil 500). Pero en la provincia de Jaén no hay plaza con ese nombre. En la de Linares fue herido de muerte Manolete. Al no consignar el nombre, suponemos que fue en Linares donde se dio su “sueño” y ella, con esa señoría que la engalana, prefiere exorcizar el infausto evitando nombrarlo.
PITÓN DERECHO Dijeron en su momento que si a Conchita le levantaran la prohibición de no torear a pie y lo pusiera sobre la arena, muchos toreros se subirían al caballo. Gregorio Corrochano curiosamente ensalzaba el toreo a pie de Conchita porque lo hacía cruzándose y desacreditaba quien lo hiciera en línea. Peregrina opinión de un famoso crítico. Al cruzarse se dilata el pase por la curva que despliega el toro y en línea se le acaba pronto el trazo al diestro porque se vence el toro. En el primer caso es un óooole y en el segundo es óole. Ambos conceptos tienen mérito siempre y cuando los cuernos al planear sean un riesgo inminente que pueda enrojecer la belleza de la reunión. Es decir, la conmoción estética resplandece cuando hay presagio de cornada, independientemente de la línea que haya trazado la embestida.
PITÓN DERECHO, OTRA VEZ Conchita dedica una endecha a su despedida en México. Dice que las despedidas son tristes y lo son más las mexicanas. Los párrafos que le dedica a su despedida en el 45, derraman tristeza. El fondo musical de Las Golondrinas sobre el ruedo de sus hazañas la abrumaba mientras recibía a aplausos, flores, serpentinas, sombreros, besos y gritos. Por esos días, según su narración, un momento de ternura se dio cuando un sombrero charro, sobre unos ojos castaños, eclipsó el sol. En su nuevo hogar, Portugal, casó con un noble y sus largos días se enriquecieron con hijos.
DESPLANTE También yo he de poner el punto final a mi elegía de Conchita, a quien no le conocí la voz, pero creí escucharla y le hablé muchas veces. A la que tal vez no vi torear mas le dediqué muchos óles. El concepto del toreo que tengo me lo genera una cuadrilla de toreros comprometidos con la emoción estética, dentro de la cual está ella. He visto muchos toreros que no se han montado en el cartel de mis preferencias, pero Conchita, a quien la vi más con la imaginación que con las pupilas, está en lugar importante, al que se metió tanto por méritos literarios como por hazañas taurinas. La tauromaquia es otra patria donde se encuentran héroes y antepasados que echan raíces al futuro y florecen indefinidamente entre los aficionados que, a falta de la observación directa, escudriñan los libros y aprecian películas de la época y comentan los pases y lances que se dieron, como si los hubieran visto.


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