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jueves, 9 de mayo de 2013

LA LEYENDA TAURINA


PITÓN DERECHO En una reciente tertulia que incluyó a Silvia Pérez, salió a flote la anécdota que relata Rafael Loret de Mola en su obra Si los Toros no dieran Cornadas. Ahí José Vasconcelos se duele, frente al Faraón de Texcoco, padre de Silvia, que sus libros no le dan a ganar los 5 mil pesos que el también apodado Negus, cobra por una corrida.

PITÓN DERECHO, OTRA VEZ El torero, creador de dos obras de arte llamadas Tanguito y Pizpireto, una vez escuchado al quejumbroso literato condescendió sensatamente diciéndole al autor de Ulises Criollo: ¨Ni modo; ¡A torear, Don Pepe, a torear!¨

PITÓN IZQUIERDO Bueno, eso escribe Loret de Mola, pero en el recuerdo de Silvia Pérez el interlocutor de su padre es Octavio Paz; ¨Ni modo, ¡A torear, Don Octavio, a torear!¨ tendría que ser, si la memoria fuera de confiar, el consejo sarcástico que hubiera ofrecido el Faraón de Texcoco.

PITÓN DERECHO Ahora es turno para que despliegue su capote Rafael Morales ¨Clarinero¨, quien en carta a Martín Luis Guzmán, titulada Por Incosteable Cierran la Plaza México, presenta en su versión a los mismos personajes, pero sube la cantidad a 100 mil pesos.

PITÓN IZQUIERDO Pequeña fortuna que es más creíble que la bicoca de 5 mil mencionada por Loret de Mola.

PITÓN IZQUIERDO, OTRA VEZ En cualquiera de los casos imaginamos al intelectual que pregona sus libros entre legiones de analfabetos funcionales, alternando con el artista que ve pasar la muerte cuando hace arte y que cobra mucho. Habrá que ubicar a Vasconcelos u Octavio Paz, en su relativamente segura entrega a las letras, deseando recibir lo que un torero gana cada que se faja con el toro.

PITÓN DERECHO Aquí tenemos que acotar la anécdota en términos de qué tan urgidos estarían Vasconcelos o Paz para ganar dinero y atreverse a confesarlo frente al Tormento de las Mujeres. Según Clarinero, Vasconcelos estuvo a punto de ser enterrado mediante una colecta pública, de tan pobre que murió. Por su parte Octavio Paz que ganó el Nobel muchos años después de la supuesta plática, llevaba una carrera diplomática que debió mantenerlo decorosamente.

PITÓN IZQUIERDO Además, ¿quién es capaz de preguntarle a otro cuánto gana? Solamente el nefasto funcionario de Hacienda. Estamos por concluir que todo el episodio no es otra cosa que un anónimo aporte a las sagas taurinas.

  PITÓN DERECHO Sólo que aquí no termina la botana: otro asistente a la amena tertulia dijo sin identificar la fuente, que esa anécdota se había dado muchos años antes, con otro reparto de papeles: el torero sería Joaquín Rodríguez, ¨Cagancho¨ y el escritor Alfonso Reyes. El mismo ambiente de convivencia y el mismo muro de lamentaciones: la injusta desproporción entre cuánto devenga un torero y la retribución para quien escribe libros: ¨Ni modo, ¡A torear, Don Alfonso, a torear!¨ debió ser la variante en la invitación, pero, de nuevo, Alfonso Reyes no estaba en la inopia.



PITÓN IZQUIERDO ¿Quiénes formarían el verdadero par de interlocutores, si es que realmente se dio el episodio? ¿Cuál sería el texto del lamento y la solución sarcástica? Vasconcelos tiene méritos contradictorios para haber sido requerido al convite. En su autobiografía Ulises Criollo, dice, hablando de los seguidores  Huichilobos y enemigos del bien: ¨Y se reanudó el ciclo de los  presidentes y la dinastía de Huichilobos, que son asiduos concurrentes a las corridas de toros.¨ (Ulises Criollo. El Embajador Yanqui).

PITÓN DERECHO Pero luego cambia de lidia y ensalza la tauromaquia en respuesta a una invitación de Jorge Fosado, en el libro Fiesta de la Raza: ¨Me sigue pareciendo que una buena corrida es el más bello espectáculo de todos los que se ofrecen al público en la época moderna (…) de suerte que, ante la invasión de luchas, boxeo y foot—ball (sic), se nos convierte en obligación patriótica defender la subsistencia del toreo.¨ Órale.

PITÓN IZQUIERDO Pudo haber sido Vasconcelos. Pero donde está más débil la credibilidad es en el caso de Alfonso Reyes. En muchos momentos de su dilatada obra menciona someramente la fiesta de los toros. Y, en su  momento, desaprovecha la oportunidad de hacerlo a fondo cuando agradece a José  Bergamín el obsequio de uno de sus libros. Aunque Reyes contesta con un epigrama de treinta líneas, solamente en tres de ellas menciona asuntos de toros; pero nada más. (Obras Completas. FCE. Tomo  X. P 309) Por cierto que Reyes no vivió para leer La Música Callada del Toreo, ni La Claridad del Toreo, obras posteriores de Bergamín.

PITÓN DERECHO No hemos revisado in extenso su obra en búsqueda de indicios de su afición, pero, por lo hallado, podríamos inducir su reposada lejanía de la tauromaquia. Suponemos que sí debió de leer El Arte del Birlibirloque, pero que su lectura, si ese fue el caso, no lo envalentonó para salirle al toro y dedicarle una de sus parrafadas geniales y prefiere saltar al callejón sin comprometerse. No lo imaginamos en una chorcha con taurinos; cancelemos, pues, su intercambio de puyas con Cagancho.

DESPLANTE Tal vez sea ocioso dilucidar qué es artificio de la imaginación y cuál fue el evento real. Además, ¿importa? Debemos quedarnos los taurinos con la idea de que cualquier carcomido por necesidades, si quiere vivir en plenitud, le bastará torear como El Juli o José Tomás.  





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