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sábado, 21 de marzo de 2009

Cornada Mortal

EL MIEDO A LA VIDA FUERA DEL RUEDO

Recientemente casi al término de la suerte del volapié, el matador Cavazos no pudo vaciar al toro y se recostó en la cuna hecha por los cuernos y el animal, herido de muerte pero todavía con fuerza en el cuello musculoso, con un movimiento de pala, elevó al diestro y lo hizo volar desde su testuz hasta el rabo. El matador dio de cabeza en la arena. La pesada caída sugirió una fractura de vértebras cervicales. Las asistencias capotearon y alejaron al animal de su matador. Éste quedó desmadejado y fue sacado por sus peones rumbo a la enfermería. Ahí, una vez aplicados los atenciones de emergencia le colocaron una collera para quitarle presión al cuello lastimado. Afortunadamente se recuperará con el tiempo.

En 1985 El Yiyo Cubero murió en circunstancias similares: después de estoquear mortalmente al toro, le perdió la vista y con una embestida agónica el toro lo derribó. Ahí, sobre la arena, le encajó el cuerno en el tórax y corazón, lo desprendió del piso y en un episodio patético lo levantó con facilidad y luego de haberlo dejado de pie, desenvainó el cuerno. Todavía dio traspiés el desgraciado artista, pero a los pocos pasos cayó para no levantarse más.

Recientemente en Calafia casi se dio un caso que desmentiría eso de que el toro muerto ya no produce daño. El cuadrillero Feliciano Castellano, quien suele hacer la suerte de la brincolina (por cierto, invento de Román López), cuando arrastran al toro rumbo al destazadero, casi era cornado por un toro muerto.

Sucedió así: La cuadrilla de caballos galopantes arrastraba al toro muerto y el guía Feliciano, obligado a correr a la misma velocidad, usualmente aprovecha el momento para divertir a la afición brincando la cadena lateralmente. Es un numerito que le ha salido varias veces. Pues bien nuestro amigo, llevando las riendas corría divirtiéndonos con la brincolina, como es su costumbre, pero dio un traspiés y por poco termina en el suelo. En ese caso el toro, que venía siendo remolcado a unos diez kilómetros por hora, le hubiera metido el cuerno en el cuerpo porque el cuadrillero hubiera caído precisamente en el camino del arrastre mortal. Poco más y aparece en el anecdotario de Calafia, como uno que, no siendo torero, resulta herido por un toro de lidia que además, estaba muerto.

En la última corrida del año, durante el mano a mano Zotoluco–Barrera, el toro Contador que le correspondía al español, hizo lo necesario para que el picador Bonilla pasara al anecdotario de Calafia, pues lo derribó tres veces. Dos de ellas, con todo y caballo, y la intermedia, cuando el del castoreño trataba de montar. Un empujón inesperado aventó al jamelgo en contra del picador cuando éste trabajosamente abordaba el caballo. Rodó por segunda vez al suelo. Posteriormente pudo montar, pero el toro, bravo como los de Chafic acostumbran ser, lo abatió de nuevo. Tres y van cero.

Un caso que terminó en tragedia fue el del francés que toreó varias veces en Calafia, Nimeño II. Como recordarán los aficionados este torero sufrió una fractura de columna en una corrida de toros, me parece que en España y quedó paralizado de la cintura para abajo. Estuvo en penosa silla de ruedas algunos meses y luego, el hombre que se jugó la vida valientemente en todas las plazas del mundo taurino, sin haber dado muestras de pavor cuando caminaba ante los toros, tuvo miedo de llevar una vida flácida y se dio un escopetazo.

Uno de nuestros escritores Jaime Torres Bodet, que por cierto se suicidó, dijo ( y cito de memoria): ¿Es el suicida un cobarde que tiene un momento de valor, para quitarse la vida? o ¿ Es el suicida un valiente que tiene un momento de cobardía?

Nimeño II se suicidó con volándose la cara porque tuvo miedo de la vida de inválido. También Juan Belmonte, cuyo personalidad nos obliga a hablar de una forma de torear antes de Belmonte y otra después de Belmonte, se suicidó por desprecio o temor a una vida incierta. En estos casos, ambos dieron muestra de valentía frente a los toros, pero cuando se suicidaron ¿Tuvieron un momento de cobardía frente a una vida insulsa ?

La invalidez, como consecuencia de un percance frente al toro, es una amenaza real que enfrenta cualquier torero. Si los toreros que se retiran, como dice Conchita Cintrón, vuelven porque extrañan el miedo, ¿Los toreros inválidos que lo hicieron, se suicidaron por lo mismo?

Dice Albert Camus que el suicidio es realmente el único acto de libre albedrío que tiene el hombre. Entonces, quien se suicida no huye de nada, sino que busca librarse de todo.


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