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sábado, 21 de marzo de 2009

El Juli como nunca

EL JULI COMO NUNCA; LA MUCHEDUMBRE COMO SIEMPRE. (5 de mayo de 2002)

Si alguna vez El Juli toreó como el domingo, sólo él pudiera decirlo o su padre o Ricardo Torres III usual espectador de sus tardes. Qué forma de entender al segundo de su lote, Almirante, negro listón y vuelto. Al ver que cabeceaba al final del lance hacia el lado derecho, entonces decidió torearlo por el izquierdo con serenidad, lentitud y temple, tanto en los naturales como en los remates. Cuando el toro, el público, el torero y la tarde se habían cebado en el festín de izquierdas, después de una de tantas series El Juli se puso la muleta a la derecha...arriesgando la faena para torear por el lado peligroso. Maestro, si ya tenía en la izquierda al toro, al público, al arte; ¿Para qué tomar un riesgo innecesario?

Pero se trataba de El Juli.

Se acercó a Almirante. Lo incitó y el Barralva acudió con lentitud. El primer tiempo del primer pase fue de tanteo, el segundo de temple y el tercero de mando ¡En un solo pase tantea, templa y manda! Y eso que era el primer pase por el lado peligroso. El riesgo de un derrote no desaparece nunca, ni en ese toro ni en ningún otro. Pero ese ejemplar de Barralva ya no punteaba por la derecha como lo había hecho cinco minutos antes. ¡El Juli le había corregido la embestida derecha, suavizándole el cuerno derecho, toreándolo momentos antes por el izquierdo! Alguna vez leí que esa misma proeza la había descubierto Pepe Alameda de la lidia que Manolete dio a Espinoso de Torrecilla, en una tarde de nostálgicos daños colaterales para este aficionado. Pues bien, El Juli había corregido con la izquierda la embestida derecha del Barralva. Ya con la diestra armada, dos veces dio la dosantina y en una de ellas no deshizo el arco de tan expuesto pase circular, con el forzado sino que, con el vuelo final de la franela, alcanzó a añadir otro media trinchera. Esos momentos duraron una eternidad. Ya en los quites con ese mismo toro El Juli había dado las verónicas más detenidas en el tiempo con el temple más lento e interminable que hemos visto en años.

El Juli, en esa tarde, fue el arte.

Uno ve el arte del toreo cuando El Juli torea. El arte nos hace olvidar la personalidad de El Juli. Cuando Manolo estaba en Manolo, uno nunca lo dejaba de ver; ahora cuando El Juli torea si dejo ver a El Juli. Las tardes en que Manolo brillaba, era Manolo. Cuando brilla El Juli, es el arte. Diré yo, y aquí tal vez nadie me acompañe, que Manolo era la personalidad pasmosa que hacía arte. El Juli nos hace sentir que el arte taurino no tiene autor, o no lo necesita porque aparece como milagro donde se congracian sedas, cuernos, vuelos y embestidas. ¡Que hermosura de tarde! Las Hijas de Tijuana florecían en aplausos y sonrisas mientras que El Juli llenaba el ruedo con su arte. Después de descabellar en el segundo, muchos pedimos la oreja, pero algunos atolondrados muy ruidosos impidieron el corte y hasta la vuelta al ruedo. A pesar de los fallidos intentos de muerte, merecía apéndices. Fue el triunfador de esa tarde y dudo que alguien pudiera hacerlo a un lado, en esta temporada, o en otras, y asentar otra obra taurina como la que El Juli hizo con Almirante, negro listón y vuelto, en Tijuana, México, el 5 de mayo del 2002. La mayoría de los asistentes salió creyendo que todavía El Juli debía algo y que ella resultaba ser la acreedora. ¿Y Barralva? ¿Porqué mandan a Tijuana a los vástagos menores de tan reconocida ganadería? Los toros de Barralva salieron bravos aunque con cornamenta destartalada, tumbaron caballos, embistieron en barrera de matadores, algunos fueron picados de más. Aunque hay que decirlo, las graderías casi siempre creen que se pica de más y se lo hacen sentir con abucheos al montado. El Miura II tocó tierra y la plebe lo celebró, porque como siempre, dictamina que los picadores se mandan solos, así que esos percances peligrosos lo toman como una especie de justicia taurina. Los montados son los truhanes favoritos de los silbidos, aquí y en cualquier otra plaza de toros. ¿Por qué el respetable no silba cuando ninguno de los animales ocupa el lado de los círculos que les corresponde? Algún aficionado le bajó elogios a la tarde juliana diciendo que en la México, no hubieran permitido tamaños toritos. No me diga que en Tijuana los aficionados no premiaron a El Juli por el tamaño de los toros. Fue porque no mató a la primera. Querían que matara como el otro torero que tumbó a uno de sus toros con un deficientísimo pulmonazo que produjo una hemorragia que, en cualquier plaza con un juez más exigente, le hubieran descontado cualquier mérito previo. Con decirles que tuvieron que llevarse la morcilla en carretilla. Nos quedamos con la opinión del Ingeniero Carlos García Aranda, “El Tigre” que se dolió del predominio del alborozo villamelón en la concesión de trofeos.

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