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martes, 26 de julio de 2011

EL TORO IDEAL Y UN TORERO REAL

PITÓN DERECHO El astifino ha sido enviado por la muñeca a una distancia donde reposa. El torero ahora se planta de frente, con la muleta en la derecha. La presenta. Provoca sin aspavientos. El toro acude y su carga es recogida por el engaño lento, pero inalcanzable. El pase resulta expuesto y corto. El torero gira un poco la cintura a favor de la embestida y ya enviado el toro, se vuelve sobre su izquierda, perdiendo de vista los cuernos por un instante después del cual queda perfilado justo al tiempo para cargar la continuación de la embestida, sólo que esta vez añade la hondura del temple con esa, su derecha tan poderosa.

PITÓN IZQUIERDO Es El Juli.

PITÓN DERECHO A ese toro le cortaría las orejas, para abrir por segunda vez la puerta grande de Pamplona, en la Feria del Toro de San Fermín 2011, en la última corrida, indiscutiblemente plantado en la cima del Monte Taurus, como a continuación se vio en Francia.

PITÓN DERECHO, OTRA VEZ Antes había matado el segundo toro de Juan Mora, quien no lo pudo hacer por tres cornadas recibidas, una de ellas muy peligrosa. La lección que nos dio Juan es la de un sobrio artista provisto de una técnica adecuada a su tenacidad y a quien la primera herida, en el primer tercio le menguó los reflejos. Entrado al tercero que resultó revoltoso, por momentos sometió a Barrilero pero no pudo evitar los dos siguientes tajos, casi simultáneos, que necesitaron enfermería inmediata.

PITÓN IZQUIERDO Los toreros enjaezados con seda y oro, al centro de una muchedumbre a la expectativa y obligados por un reglamento a cumplir con un rito centenario sobre la arena, son actores sin lugar a dudas, pero actores que se meten en aprietos verdaderos. Las más frecuentes incidencias de la corrida ya han sido ensayadas y practicadas, aunque el principal protagonista de la fiesta siempre se presenta por única vez en el ruedo. Es el personaje que sin atuendos de lujo, como no sea su piel y sin idea del rito, como no sea su instinto, de todas maneras participa, intentando derribar caballos, amedrentar, atropellar y herir banderilleros y toreros. Y hay seis de esos profanos por cada tarde de liturgia taurina. Uno de esa tarde, Barrilero, hirió a Juan.

PITÓN DERECHO La tragedia nos recordó que la fiesta es un aguafuerte de sombra y sol. Con rechiflas y óles, de embelesos y bostezos. Cánticos y abucheos. Mientras el valiente Mora estaba en el quirófano, El Juli fue elevado y pasado por la puerta grande, por segunda vez en la feria, sobre una alfombra voladora tejida por hombros, pañuelos rojos, gritos, sonrisas y saludos. Parecería, días después, que fueron los mismos colchoneros que lo habían llevado sin interrumpir el alborozo desde Pamplona hasta los cosos franceses, en las que repetiría su arte.

PITÓN IZQUIERDO Mientras tanto Mora, con la entereza de los valientes y el muslo hendido, soportaba la enésima intervención quirúrgica. Los dos actores estaban viviendo episodios reales.

PITÓN DERECHO Cuando El Juli preparaba a Barrilero para darle muerte, los pases de tanteo por la cara no carecieron de suavidad y, hasta parecía que se transgredía el buen gusto de no lucirse con un toro victimario de otro torero. Sólo que El Juli no puede dejar de darle orientación a cada lance, a cada abaniqueo, que en otros parecerían trapazos, él los convierte en trazos organizados en un conjunto de evoluciones con un fin determinado, en este caso, cuadrar a Barrilero y darle muerte.

PITÓN IZQUIERDO Los toros vistos en San Fermín 2011, ilustran el dilema en que se encuentra, si no la afición, cuando menos los comentaristas de viva voz, o de letra muerta: quieren un toro que llamaremos ni muy, muy, ni tan, tan.

PITÓN IZQUIERDO, OTRA VEZ Muy fijos, nobles, sumisos. Pero no tanto que no den sensación de peligro. Muy bravos, con genio, raza y casta pero no tanto como para desarrollar sentido. Con salidas muy con la cara abajo y con trapío, pero no tanto como para salirse del tipo de la plaza fulana. Que embistan una y otra vez, pero sin aburrirse.

PITÓN DERECHO No hay, ni habrá una ganadería que crie consistentemente ese toro prodigioso. Pero lo que si existe es que en su conjunto, entre todos los encastes, si están repartidas esas características. Y para disfrutar el toro paradigmático, se tiene que sacar un promedio visual de varias ferias. Esto sin negar que de tarde en tarde sale un toro que, por sí solo, se acerca al paradigma.

PITÓN DERECHO, OTRA VEZ Lo que falta a ese toro ideal es su complemento humano. Un torero que pueda enfrentarlo. Un artista que aproveche con primor la fijeza y nobleza de un toro que humille. Un torero con técnica adecuada para saber qué hacer con un toro bravo, genioso, con raza y encastado, sin naufragar y que quede por arriba de él. Un diestro que sepa quitarse cornadas de los toros resabiados, mansos y mirones sin parecer medroso y que les pueda.

DESPLANTE También de época en época, sale un torero con tales excelencias.

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