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sábado, 3 de septiembre de 2011

DE QUÉ COLOR TIÑE EL VERDE







PITÓN DERECHO El cuestionamiento completo es: “Vamos a ver de qué color tiñe el verde” y se antoja como aporte de algún gremio que usa anilinas para iluminar los artículos textiles, de cerámica, la juguetería y otras preciosidades. Lleva, obviamente un dejo de socarronería y cierta duda en los resultados, pero también algo de esperanza en que el sino puede revertirse. Nosotros la recogimos en Zacatecas, México y la conservamos en nuestra habla como advertencia que las cosas, aunque lo parezcan, a lo mejor son otras.

PITÓN IZQUIERDO En las pasadas ferias de San Fermín y de Sevilla, aparecieron en la bóveda taurina algunas evidencias que la galaxia se expandía por el firmamento y que los aficionados nos deberíamos acomodar para atisbar nuevos meteoros donde solamente los grandes estetas ya navegan suntuosamente.

PITÓN DERECHO La espera no fue extenuante: la feria de Bilbao y el tipo de toros que las ganaderías seleccionan para que salgan por los toriles, estaba muy cerca y fue el momento para que, frotándonos las manos al comprar el abono electrónico interoceánico, nos dispusiéramos a ver de qué color tiñe el verde. Refiriéndonos, claro, al alborozo con que fueron aclamados los despuntes de algunos diestros en esas afamadas y recientes ferias.
PITÓN IZQUIERDO Y salieron los toros. Y los toreros se enfrentaron a ellos, tanto los consagrados como las promesas de excelencias. Como siempre, los toros ponen a todos en su lugar. Lo hacen con su recorrido noble y fijo. Con su mansedumbre y genio. Con su encaste y descaste. Con su báscula y cara. Con su aburrimiento y dispersión.
DESARME El entusiasmo en las andanadas y en la pantalla de alta definición fue menor al alcanzado en los micrófonos. El que ya toreaba dando pocos pasos entre pase y pase, siguió haciéndolo. Los que ya echaban carreritas entre muletazo y muletazo, mantuvieron su incapacidad de mandar, aunque evidenciaron su voluntad de hacer con las piernas, en cada pase, lo que sus muñecas tienen como principal tarea: dejar al toro en distancia.
RECUPERANDO LOS AVÍOS Claro, no se puede ligar el milagro de los pases artísticos, con esos recorridos tan cortos y esas cabezas tan destartaladas. Pero si es de esperarse la cuidadosa estructuración de una faena de aliño.
PITÓN DERECHO Si están descartados los pases sedosos por las condiciones de toros que no hacen honor a los fierros que marcan sus flancos, tampoco se acepta que la defensa a tan impredecibles genios sean puros mantazos que más que defensa ante el peligro real, parecían disfrazar una embrollada fuga, aunque al final el diestro compusiera la figura. Lo que hacían era huir, posando al final.
PITÓN DERECHO, OTRA VEZ Distinto es el caso que, ante la imposibilidad de la creación estética ante tales bichos, se administren los pases de pitón a pitón y doblones para agotar el número de cabezadas que cada toro trae. Así como se acepta que cada toro de lidia trae un potencial de pases que el torero debe prever y administrar, con la misma lógica, diremos que el diestro debe estimar las cabezadas que el toro puede dar durante los veinte minutos de su vida pública.
PITÓN IZQUIERDO Si es cierto lo anterior, una vez agotada la reserva de cabezadas, por los doblones y el macheteo, quedarían algunos pases, aunque pocos, que extraídos por el diestro tendrían altísimo valor.
RECORTE FINAL Pero. Solamente el torero que tiene las zapatillas en la cima del Monte Taurus corrige los cabezazos para darle pases válidos a un toro desabrido, descastado y sin recorrido. ¿Lo vieron? Órale.

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