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sábado, 12 de noviembre de 2011

PLAZA MÉXICO, CORRIDA INAUGURAL 2011



PITÓN DERECHO Diego, el cuarto de la dinastía Silveti, recibe la confirmación de manos de Enrique Ponce. Antes había sido apadrinado por José Tomás, en Gijón, España. ¡Qué padrinos! No le fue propicio el lote pero alcanzamos a ver su técnica durante la lidia del primero, escaso de ánimo, descastado, noble, que no hizo honor a su nombre Rey David, Con ese Diego nos regaló verónicas suaves y un remate nítido. Luego con la muleta dos Desdenes a media altura que dio cuenta cómo se encargó de las condiciones del burel. Ofreció regalar el que hubiera sido noveno de la noche, pero no apareció. Tal vez por el hecho que habían devuelto el primero de Ponce por escuálido, más los dos regalados, se habían agotado las reservas de La México. Diego se llevó una herida en el pene que no lo hizo guardar cama.    
 
PITÓN IZQUIERDO Sus alternantes quedaron mejor. Ambos toreros entendieron bien su lote reglamentario y al obsequiado. Ponce cuenta con un historial enorme que se le ve en el reposo  con que manda al toro y Saldívar con esa clase todavía acalorada por momentos, de la emoción de novillero pero ya augurando la sabiduría del torero decantado. Las proezas de Ponce y Saldívar fueron leños al fogón donde el poncianista y el carpetovetónico calientan sus óles. Ya hemos bautizado con esos ismos a las dos aficiones que promueven la superioridad de una fiesta sobre la otra, de unos toreros sobre los otros. Ambos torearon tan pausada y densamente que se metieron a la cuarta dimensión del temple que piden e imponen los toros mexicanos. 

PITÓN DERECHO Qué bien entendieron a sus toros. Muchas de las reuniones fueron exquisitas.  Era otra dimensión del tiempo. En el de regalo Ponce después de cien pases y un pinchazo en lo alto, metió la espada bien. Según nosotros tuvo merecimientos hasta para dos orejas. Fue una de las faenas más importantes que hay tenido y con esa negativa se le fue la salida en hombros. En cambio Saldívar con cuatro orejas y un rabo salió de la plaza a hombros y se metió en el corazón de la afición.  

PITÓN IZQUIERDO El toro de regalo de Ponce, Escultor, salió dos veces por toriles. La primera para reemplazar a Fiesta Eterna (¡Hágannos el favor!), rechazado por compasión. Estuvo unos minutos pero luego se dio la orden de que lo regresaran y saliera Pirricas. Este Pirricas fue toreado con el público de uñas. Cuando salió como el séptimo para ser lidiado Escultor resultó de ensueño. ¿Qué se pudiera columbrar?

 PITÓN DERECHO Antes durante el sorteo habían sido atentos con Diego Silveti para que escogiera sus toros. 

PITÓN IZQUIERDO Ponce sufrió las rechiflas por Pirricas que no tuvo mucha presencia si lo comparamos con los toros que miles vimos por televisión ultramarina en las recientes ferias ibéricas. Eso es la presencia que anhelamos, pero es mucho pedir si también queremos muchos pases templados. Sin embargo a la hora de comparar los cien pases que dio Ponce y los otros muchos de Saldívar preferimos ver torear largamente como lo permite el buen toro mexicano y no ver un puñado de pases a las moles con cuernos que se aburren pronto de la muleta.  

PITÓN DERECHO Encontramos una entrevista fechada en abril de 1921 hecha en México, a Ignacio Sánchez Mejías por el periodista Wenceslao Blasco. Ignacio contesta que su mayor afición es “Torear”, lo que era de esperarse de un torero diríamos, y después del toreo, insiste el indiscreto Blasco, ¿cuál sería la afición siguiente?, contesta el ex cuñado de Joselito “Ver torear bien”.
 
PITÓN IZQUIERDO Es singular esa respuesta porque generalmente los artistas sufren para reconocer ojos en cara ajena. Que una figura como Sánchez Mejías disfrute como su segunda afición ver torear bien, quiere decir que reconocía la calidad de los otros. El Guerra no podría ver torear bien porque después de él, “naiden”. Claro que pocas veces los toreros hablan mal de sus colegas, pero si les preguntáramos lo mismo que a Sánchez Mejías, ¿Contestarían lo mismo?
 
DESPLANTE Tal vez esa sea también el caso de los gustos de la afición mexicana y la española, Enfrentadas la una a la otra, pudiéramos preguntarles si los españoles disfrutan las corridas de México, y a los mexicanos si disfrutamos las corridas de España. ¿Cuál sería la respuesta? ¿Cuál fue la de Sánchez Mejía, como su segunda afición?

OTRO DESPLANTE Rechazo la idea que tenemos que escoger una de las dos fiestas. Tener que escoger sólo lo hace a uno indeciso. ¿Y si aceptamos que son dos fiestas distintas y subyugantes y que no tenemos porqué quedarnos con una sola? 

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