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miércoles, 1 de febrero de 2012

“¡ESTÁS EN LA MÉXICO, JULI!”

PITÓN DERECHO El grito se dio cuando, precisamente, El Juli no solamente estaba en La México, sino aún mejor, estaba toreando en El Juli. Toreaba con madurez y sapiencia, dándole al toro de medio tranco, una lidia acorde, pausada, en la que a pesar de la cortedad del ataque que hacía con la cara en alto, no se quedó, en ningún momento sin toro. Aún así, el grito quiso ponerlo en su lugar, aclarándole que “estaba en La México”, nada más ni nada menos,  y que no podía tramitar su presencia con dos o tres trapazos, engaña bobos. 

PITÓN DERECHO, OTRA VEZ Apreciación que no comparte esta columna ya que el diestro estaba con el toro. Estaba en camino de ahormarle la cabeza para meterlo en el engaño y, de ser posible, bajándola hasta que los belfos rozaran la arena. El profesionalismo de El Juli no le permite conformarse para salir del paso cuando no tiene mucha tela de dónde cortar. El grito insinuaba que no podía con el toro, ni con el público.

PERDIENDO EL ENGAÑO No sé qué tan extendida esté, en el voluminoso archivo taurino, la expresión “poderle al toro” Aquí en México la utilizamos cuando el torero, frente a un marrajo, descastado, bravucón, tardo o de embestida incierta y peligrosa el torero ejerce su dominio y va más allá de quitarse los hachazos porque va en camino de ahormarlo y sacarle algunos pases de contenidos estético. “Le pudo al toro”, se dice y con eso sabemos que fue más allá de una faena de aliño y se aproximó, en algún grado inesperado, a la creatividad estética.

PITÓN IZQUIERDO En uno de sus temporadas ultramarinas El Zotoluco si pudo con el toro español, solamente hay que recordar  la corralada de Miuras que le sirvieron amablemente, hace unos diez años.  A los que no les pudo El Zotoluco es a los empresarios carpetovetónicos.  Hay una diferencia que tenemos que explicar. Los toreros que actualmente están brillando en el candelabro taurino mexicano y que han ido a Iberia, les pueden a los toros españoles.

PITÓN DERECHO Lo que no hacen y se les dificulta más, es poderle a los empresarios carpetovetónicos. Con el paso de la Colonia Taurina, algo erosionada en México, con vigencia mayor en otros rumbos del planeta toro, se generó una situación asimétrica que pudiéramos decir de los toreros españoles: casi todos ellos, las figuras y los que nanay, les pueden a los empresarios mexicanos, y se atragantan, algo, con el toro mexicano. Órale.

PITÓN IZQUIERDO El año pasado cinco mexicanos demostraron que "le pueden al toro español", cuando les sueltan algo toreable. Lo que también demostraron es que "no le pueden al empresario carpetovetónico". Cuando les pueden a los empresarios, quedan incluidos, en esa zona de influencia los Amanuenses de Empresa que solemnemente cantan sus bondades  (las reales y las dictadas).

PITÓN DERECHO Todo esos viene al caso por el grito de ayer de ese aficionado insatisfecho con la labor de El Juli le gritó;”¡Estás en la México, Juli!” Dando a entender que el  torero le estaba dando coba al desabrido pupilo de Fernando de la Mora y que aún peor, los hacía en La México.



PITÓN IZQUIERDO El encierro de Fernando de la Mora por ser insípido no aportó emoción a la fría tarde. Pero precisamente por esa sosería, pudimos confirmar el oficio de El Zotoluco y El Juli quienes estuvieron muy bien en sus primeros de tal manera que si se hubieran ido tras sendas espadas certeras hubieran cortado orejas. El toro de Juan Pablo Sánchez era bueno, aunque eso no signifique que no pueda colarse por “la luz” entre cuerpo y engaño, si esa fue la razón del incidente.
 
PITÓN DERECHO Varias cosas son dignas de mención: el deterioro de la plaza: una ocupante de primera fila tuvo que desaguar con alambres y escoba los charcos que le esperaban desde otras lluvias, no la de la lidia del 6º. Llamó la atención las casaquillas de los picadores de Juan Pablo Sánchez, sin bordado en oro. El domingo anterior Fernando Ochoa calzó medias negras. Luego, loable la atención profesional de El Zotoluco Director de Lidia, y de El Juli: ambos permanecieron fuera del burladero cuando Juan Pablo pareció ser el único en la plaza que creía tener todas sus facultades para entrar a matar. Los dos matadores entraron inmediatamente al quite cuando el toro se enredó con los tirantes de Sánchez y por unos angustiosos momentos parecía tenerlo clavado. El Juli pudo zafarlo del percance.




RECORTE Otra notabilidad en el callejón: dos beldades que opacaron (afortunadamente) la presencia cercana de un político sigiloso y ladino.

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