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viernes, 18 de septiembre de 2009

CORRIDA VERDE EN LAS VEGAS

PITÓN DERECHO Mala entrada. Tal vez una quinta parte del aforo de 2,500. El Juez Joey Martins se regirá por el reglamento de Portugal. La arena oval, ha sido aprovechada en sus extremos para dar cabida a dos zonas VIP con mesas enmanteladas. Aún así, mantiene la forma oval. El piso es consistente, comprobado hace unas horas por los cabestros. No tiene círculos ya que no habrá, ni se simulará la pica. Aunque hubiera picadores, tal vez prescindirían de los aros porque cada vez son menos respetados en todo el orbe taurófilo y al tratarse de un inicio está bien empezar por eliminar lo que cada vez parezca tener menos observancia.
PITÓN IZQUIERDO Detrás de la última fila, de la parte más angosta del oval y por donde deambulan los aficionados, tres sillas para el Juez, (Nada de Judge, Referee, Arbitrer, o Justice), una de ellas, la del asesor, quedó sin sedente. La proximidad con nosotros y su talante conversador alentó el palique y escuchar la mitad de la conversación por el celular con su ayudante en el callejón. Estaba molesto por que no se veía acción en Cuadrillas, justo al frente de Toriles, ambas puertas en los extremos máximos del oval. Después de haber ido a fumar, Reis soltó algo parecido al toque tradicional. En Cuadrillas nadie pareció percatarse. Al rato otro toque. Mismo efecto. Son las 14:30. Otro toque. Otros minutos transcurridos. Mientras tanto Giraldés parece batallar con los organizadores por mantener la tradición de comentar desde el callejón, sin ceder a la tentación de la mesa VIP. Otro toque. Ahora Martins amenaza con retirarse si en un minuto no parten plaza. Dice the crowd is pressing me. Pasados 10 minutos se decide a ordenar otro toque. Parece que Reis improvisa cada vez. Finalmente, siendo las 14.50 horas, parten plaza las 3 Barbies.
PITÓN DERECHO, OTRA VEZ Después de los himnos aparecen el mismo Zotoluco (Guinda y Oro), instruye a las Barbies para que se dirijan al palco del Juez. Lo hacen. De Toriles sale Amigo y dos capotazos del peón son coreados con entusiasmo. Tiene su importancia histórica: son los primeros óles escuchados en Las Vegas desde 1965, cuando se dio otra corrida verde en lo que ahora se conoce como Primm. El toro lleva un cuadro de velcro que cubre la zona en donde las banderillas usualmente se clavan y las estocadas se reciben. El Zotoluco da verónicas sin paso atrás, sin embarcar pero con la seriedad característica. Arriba en el cubo electrónico la imagen duplica los movimientos.
PITÓN IZQUIERDO, OTRA VEZ Tocan a banderillas tipo velcro. Todo funciona. Los peones mantienen el profesionalismo que merece reconocimiento. Cuando El Zotoluco pide la venia del Juez, también Reis, el clarín, se levanta y saluda con nobleza. ¡Qué esfuerzo tan bien recibido de una nación tan vilipendiada y tan admirada por millones! Heme aquí, en la región donde, lo sabemos todos, las virtudes y las debilidades de los sajones están sumisas al servicio del espectáculo. Estoy en una corrida de toros en Las Vegas, Yu-es-ei. ¡Qué bien! Por si fuera poco, una cariátide me baña de cerúleo cuando sus ojos se asombran por mi grito ante dos doblones del de Azcapotzalco arrodillado. Simula entrar a matar y deja sobre el velcro una banderilla. Ignoro si el Juez se alejó del reglamento lusitano. Él concedió la oreja que, como no hay cercenamiento real, se transforma en una vuelta al ruedo. Sólo que nadie la pidió.
PERDIÉNDOLE LA CARA AL TORO En su segundo, El Zotoluco brinda la muerte a Don Bull, el empresario. Una faena derechista bien armada. Pero en el segundo derechazo, de la segunda tanda, se sintió el milagro de la estética. Ya no fue la proeza humana de contonearse vestido de oro ante un toro bravo, al que parece molestar con el trapo rojo. Ahora algo ocurre, los cuernos del toro florecen en filosas cuchilladas suaves sobre el movimiento de la franela, el oro deja de ser un adorno y se transforma en elemento estético y deja de ser una aplicación para convertirse en una ofrenda al riesgo frente al toro. Toda la tarde, aunque sea bajo techo aclimatado, se convierte en un enorme lienzo donde se imprime la estética de un derechazo sísmico y conmovedor. El Zotluco, el taumaturgo. El hacedor de milagros. Los aficionados siguen alborozados, pero es otro el griterío, hay algo de conmoción ante lo que verdaderamente deja de ser un acto temerario muy distinto a los que jaripean toros brama, para convertirse en un ballet misterioso, donde ambos pueden y tal vez debieran morir. Se hace el milagro del arte. Esto es Las Vegas, Yu-es-ei el 14 de septiembre de 2009. Y este el El Zotoluco y Nos veremos, de Manuel Costa. Órale.
DESPLANTE ¡Qué importa que El Zotoluco haya pedido música y los mariachis le hayan tocado la Diana! Se había dado el milagro del arte en esa tanda. El toro fue indultado, en una plaza donde no mueren sobre la arena. Quien sabe quien entenderá primero. Yo, que estoy intrigado por el indulto de un toro donde no se matan o ellos que una bull fight, anunciada como tal, en el fondo sea arte.
(Continuará)

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