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sábado, 15 de octubre de 2011

MILTON CASTELLANOS EVERARDO


PITÓN DERECHO La marimba que se escuchó al final de la misa dedicada a Milton Castellanos Everardo nos trajo las imágenes de una película filmada en 1940 llamada, precisamente, Al Son de la Marimba. Juan Bustillo Oro dirigió a Fernando Soler, Emilio Tuero, Marina Tamayo y en ella el que sería gobernador de Baja California aparece momentáneamente en una escena de baile filmada en el paisaje chiapaneco.

PITÓN IZQUIERDO Al paso de los calendarios Milton por razones de su vocación dejó la selva chiapaneca con sus frutas y colorido y apareció, después de un entreacto chilango, entre los hervores de Mexicali sin la humedad selvática y sí en medio de arenales y algodoneros. En su nuevo entorno se dio a construir el prestigio necesario para gobernar el estado. Después de lograrlo, ahora descansa en paz.
 
PITÓN IZQUIERDO, OTRA VEZ Es natural que en la ceremonia fúnebre el honrado con el acto reciba aplausos y elogios de quienes asisten. Cosa distinta sería que esa persona recibiera, cuando vivo, muestras de aceptación y aplausos en un evento colectivo público que no hubiera sido convocado en su honor, Pues bien, una tarde Milton dio una vuelta al ruedo en Calafia entre aplausos y gritos de aprobación.

RECORTE Claro que antes debieron darse otros acontecimientos. 

PITÓN DERECHO Sobre unos terrenos amplios y desérticos del Mexicali de los 70, el gobernador Milton propuso más que un proyecto urbanístico, algo más parecido a un espejismo. Alcanzó a vislumbrar los edificios de las delegaciones federales y los correspondientes estatales. Además, divisó el edificio del congreso local y otros inmuebles necesarios para el quehacer político. Todavía más, decidió incluir un teatro y una plaza de toros para redondear la visionaria concepción urbanística sobre unos terrenos que parecían flotar en el calor. Todo sobre un desierto con apariencia de intratable. 

PITÓN IZQUIERDO Entonces Mexicali ya tenía 25 años sin plaza de toros y esto equivalía a un tercio de su vida. Empezaron los trabajos cavando un gran cuenco que parecía mina a cielo abierto y que poco a poco fue tallándose por los tractores para convertirlo en un cono para graderías. Cuántas tardes sobre esos esbozos de plaza los taurinos compensábamos la frustración de no tener corridas inventándolas dentro del espejismo compartido. Poco a poco la plaza se iba elevando con sus columnas y paredes, corraletas y arcadas con pasillos. 

PITÓN DERECHO Finalmente dos años antes que Milton terminara su ejercicio, Calafia retumbó con los óles dados a Manolo, Eloy Cavazos y Mariano Ramos. Ya se había disipado el espejismo desertal que había tenido un hombre que se había abierto el paso en selvas y que también conocía el desierto. 

PITÓN IZQUIERDO La imaginación se había concretado en algo real y ahora Mexicali, y nosotros, teníamos una plaza de  toros. Algunos alucinados fuimos dueños momentáneos de ella mediante unos bonos que no alcanzaron a sobrevivir la siguiente gubernatura.

PITÓN IZQUIERDO, OTRA VEZ  Pero no sólo fue la plaza. La mujer del César, además de ser honesta, tiene que parecerlo. Mexicali, además de ser la capital de estado desde hacia medio siglo era una ciudad con poco equipamiento. Al final del sexenio miltoniano, seguía siendo la capital, pero ahora sí lo parecía. La urbanización estampada en la mancha urbana le dio a Mexicali su rostro del siglo XX al mismo tiempo que la anclaba, con la construcción de Calafia, en una tradición de quinientos años: la fiesta brava.

DESPLANTE Alguna vez le oí aceptar que el poder no transformaba a los hombres, sino que los descubría. Los que eran ineptos o patanes se exhibían públicamente cuando tenían el poder. Los prudentes, inteligentes, visionarios ya lo eran antes de ocupar el puesto. Los generosos, los equilibrados habían nacido así, sólo que con los reflectores del poder los podemos percibir en la plenitud de sus cualidades. 

RECORTE FINAL. En su caso, se nos queda grabado Milton como valiente, sensato, sagaz y su desempeño como hombre público se basó en esas cualidades en el orden en que las circunstancias lo requirieron. Antes de ser funcionario público ya tenía sagacidad, valentía, sensatez. Cuando fue desplegó esas cualidades y a partir de hoy las seguirá luciendo en mi recuerdo. Óle, Milton.

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