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miércoles, 14 de diciembre de 2011

LOS LIBROS DE IMPACTO




ACERCÁNDOSE Hay un fantasma que recorre México y que le da por hacer preguntas. Ese fantasma preguntón, como lo son todos de su calaña, se interesa en saber qué libros uno ha leído. Parece que disfruta el engarrotamiento que provoca con su requerimiento intelectualoide. Por mi cuenta, me desprendo del burladero antes que me inmovilice el pánico. Espero que restrinja la pregunta a la tauromaquia y si es así, ya tengo la respuesta.

PITÓN DERECHO “La sangre de Llaguno. La razón de ser del toro bravo mexicano”. Un libro de Luis Niño de Rivera. Simplemente es imprescindible si uno pretende entender la afición en México. Los hermanos Llaguno terminaron, dice el libro, después de miles de intentos, por suavizar las embestidas del toro español añadiéndole, en el proceso centenario, más pases. Su aporte fue crear al mismo tiempo, al toro mexicano y, por consiguiente, a la afición que hace juego con él. Ambos, distintos del resto del mundo taurino. Además, lo hicieron con una genial mezcla de intuición ganadera y ciencia aplicada en miles de ensayos y errores. Niño de Rivera añade algunas anécdotas que hacen divertida la lectura y, sorprendentemente, esa misma  amenidad, hace fácil profundizar en la fiesta de fiestas. 

PITÓN IZQUIERDO “Tipos y sainetillos del planeta de los toros” Deliciosa colección de Antonio Díaz-Cañabate. Una verbena de personajes vívidos, que casi se platica con ellos. Sueños de color de rosa, la bruja taurina, la novia del torerito y la vida y chasco de El Arrogantito y la pérfida Sinfo. Qué manera de mantener vivos a los personajes tiene Díaz-Cañabate. Escribe de manera tal que nosotros los lectores estamos bebiéndonos sus palabras por arriba de su hombro. No quisiera uno que se terminaran las anécdotas y luego nos obliga a escudriñar su rostro, queriendo descubrir en sus arrugas el milagro de la creación. El toreo es una ocupación humana que consiste en hermosear las acometidas de bestias peligrosas. Don Antonio cristaliza en una burbuja literaria esos personajes, los que se ciñen y los que aplauden. Esas andanzas permiten redondear la idea de la tauromaquia. Óle.

PITÓN DERECHO “Les Bestiaires” De Henry de Montherlant. Cualquier selección de un novelista taurino implica  eliminar a varios, tal vez con mayores merecimientos que el escogido. Me quedo con el francés. Es una novela escrita por uno que fue torero de verdad y además, de éxito. Es por otro lado, una narración que invierte el camino que se recorre usualmente de los estratos bajos de la sociedad hasta la gloria del Monte Taurus. Niños cuidados por monjas, por padres sucedáneos, atendidos por callejeras bondadosas que llegan a triunfar clamorosamente (Los niños). En este caso Alban, de la casa Bricoule, es de nobleza emperifollada y se deslumbra desde la primera corrida que ve y por el ambiente taurino. Se acomoda con relativo poco esfuerzo, en el triunfo. En el camino ascendente desdeña el señuelo suculento con que Soledad, la hija del ganadero, creyó estimularlo. Además, Montherlant es costumbrista y a la vez que recorre episodios íntimos, nos hacer recorrer los meandros el Guadalquivir en el que encontramos parajes sorpresivos.

PITÓN IZQUIERDO “Volapié. Toros y Tauromagia”. Fernando Sánchez Dragó recorre las cortinas del escenario mundial donde la tauromaquia aparece como gran protagonista. Se descuelga desde la prehistoria hasta llegar a la corrida del domingo pasado. Luego se eleva a la consideración estética de nubes rasgadas por los vientos pero aterriza en la crítica de la  última tarde donde triunfa alguien que no lo merecía. Luego apuesta por alguien que deslumbra y que, finalmente tiene uno que buscarlo en los archivos cibernéticos para saber algo más de él. Más que formar un conciliábulo elitista, los autores que convoca para ambientar la fiesta en el concierto mundial, forman una especie de catálogo de pensadores que uno memoriza para acreditar los cursos de bachillerato. Aún así, no se zafa del tema. Nos mantiene en la tauromagia y nos deja con información de pintores, pedagogos, filósofos, estetas, historiados, geógrafos y cómicos quienes, con toda seguridad, nunca supieron que pertenecían a los tendidos de las plazas de toros. Propone que uno no sea torista ni torerista, sino simultáneamente ambos, es decir lo que en el fondo todos ya somos, aunque a la hora de posar en la entrevista, optemos por solo uno de los ismos. 

RECORTE FINAL Estoy convencido que la afición nace del arrebato dionisiaco ante el milagro de la estética taurina. Se consolida por lo que se aprende de las corridas, se redondea por la consulta y lectura de libros del tema y se arraiga en los ambientes del campo bravo, de las horas sabrosas de las peñas que no se deciden entrar al tema taurino. Entonces, los libros que he leído y disfrutado por importantes que sean, apenas dan cuenta de un componente de mi afición. Faltaría tasar el aporte visual y emotivo de los toreros que he visto sobre la arena, con algunos de los cuales he conversado,  y por la pantalla televisiva y en las películas en blanco y negro.

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