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jueves, 19 de enero de 2012

TOREANDO BAJO LA LLUVIA

PITÓN DERECHO Aunque casi suena a Poncianismo pluvial, la verdad es que el chubasco del domingo pasado en la 11ª de La México estuvo más macondiano que cualquiera de los aguaceros de la pasada Feria de Manizales. Y eso es mucho decir. Tuvimos lluvia y granizo. Además, entre el primero y el segundo toro se suspendió la corrida durante una hora y cuarenta  y allá, creo que durante la última, se pospuso el inicio media hora.

PITÓN IZQUIERDO Otra diferencia. Si en la Monumental de Manizales el arte y la emotividad de los toreros nos hicieron olvidar la molestia de una Insignificante bronconeumonía, acá las desesperantes patinadas de pezuñas, cónicas y hendidas, zapatillas y medias enlodadas obligaron a los asistentes, los remojados y los virtuales, entre los que estuve, a una estoica noche de óles esporádicos y de esperanza del milagro.

PITÓN DERECHO El cartel tuvo su atractivo inicial: tres toreros mexicanos y una ganadería que regresaba después de una ausencia sexenal. También dos presagios: pésima entrada y nubarrones asomándose al embudo. Los tres toreros mexicanos por la decisión de la empresa que sólo está obligada a que los mexicanos no sean menos que los extranjeros. La lluvia, por decisión de Madre Natura que no es sensata con sus alardes extemporáneos.

PITÓN IZQUIERDO Participaron Angelino de Arriaga, triunfador de la novilleril temporada pasada, el maestro Rafael Ortega quien le confirmó la alternativa y el matador Fernando Ochoa. Toros de Arroyo Zarco. El confirmado pudo haber cortado una oreja si se hubiera ido tras una espada precisa. Ortega si lo hizo y San Seacabó.

PITÓN DERECHO La lluvia en La México fue sobre una escasa concurrencia. Los aguaceros de la Monumental de Manizales fueron sobre, cuando menos, cuatro quintas de entrada, durante todas las fechas, salvo la del Festival de La Macarena en que no llovió. El estoicismo bajo el agua, de ambas aficiones, es igual. En términos del comportamiento público es distinto. Los mexicanos somos más participativos con gritos y silbidos que podemos expresarlos sin relación con lo que ocurre en el ruedo, y también cuando sobre él pasa algo.

PITÓN IZQUIERDO Si en La México el primer ÓLE se escucha cuando  se inicia el paseíllo bajo “Cielo Andaluz”, en Manizales el ÖLE inicial se oye cuando abren las puertas de cuadrillas y aún no se asoman los alternantes, ni ha sonado “Feria de Manizales”, bajo cuyos compases se hace el desfile.

PITÓN DERECHO Claro que, en ambos ruedos, una actuación notable es coreada oportunamente por las respectivas aficiones. En La México, la muchedumbre parece estar inmersa en pugna de peñas. Invariablemente en cada corrida es audible la reyerta algunas veces soez que existe entre las porras. Luego aquel cántico “En el agua clara que brota en la fuente, “#$% todos los de enfrente” Ni por equivocación se escucharía en Manizales.

PITÓN IZQUIERDO En la última de la Feria El Juli se sublimó. Quise arrojar mi Volteao pero mi vecino (Fidel o Sebastián Hurtado) me previno porque hubiera pagado una multa y pasado algunas horas en la mazmorra. En Manizales los sombreros pueden tributarse hasta que se da vuelta al ruedo, como muestra de reconocimiento merecido a lo ya hecho y no es explosión de júbilo instantáneo ante lo que está desarrollándose, como sería a la usanza mexicana.




RECORTE Si el público considera meritorio el desempeño del torero, pide a la Autoridad que se active la banda. También el Juez puede tomar la iniciativa. Cuando lo que acontece sobre el ruedo se eleva a la región más tranparente del arte, entonces se toca “Feria de Manizales”  Por cierto fue tocada durante una de las actuaciones de Hermoso de Mendoza, pero algunos comentaron que había sido excesivo para lo que estaba haciendo el jinete. Como se sabe, en La México no se acompaña ninguna faena con música, como no sea la de viento si se trata de un chasco.

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